octubre 17, 2011

No lo olvides -Dalx

La nostalgia es fuerte dentro de este escrito que ya casí cumple un lustro de existencia y no, no estaba tan pulido cuando lo idee. Apenas decidí revisarlo y me reí bastante con mis errores en redación, gramática y ortografía aunque después sufrí porque quería corregirlos y a la vez no quería que dejara de ser un testamento de mi inexperiencia de ese momento.

Esta una historia que, siento yo, definiría el género al que me quiero dedicar y mi absurdo interés por todas las posibilidades que existen en las relaciones humanas, como una palabra puede cambiarlo todo y (para dar sazón) por qué no experimentar con casos como éste donde la magia juega un papel importante como un fenómeno de la no-naturaleza (me urge otro nombre) que altera las vidas de los protagonistas de manera sutíl.

Es de las historias que más aprecio desde que decidí empezar a escribir y la considero mi primer historia real, siendo las otras trenes sin control que, bueno, solían estrellarse en todos lados. Aviso que fue para un trabajo escolar y por lo tanto tiene una "moral" algo forzada al final además de que desperdicia mucho potencial...tal vez algún día, cuando tenga la habilidad para hacerles justicia, retome a este par de protagonistas.

No lo olvides



Era una tarde soleada en la cual yo iba de vuelta del trabajo pensando en que me faltaba por hacer. Estar en la universidad era ciertamente horrible ¡nos llenaban de trabajos! Aunque lo peor de todo, era el desequilibrio que mi vida poseía. Me había convertido en un ser que solo vivía para trabajar pues mi consciencia me impedía fallar alguna vez en una asignatura, no presentarme al colegio o de menos no hacer una tarea además de que por las tardes estaba de empleado en un Walt—Mart para poder conseguir unas cuantas monedas y después, al llegar a mi casa, caer rendido sobre la cama.

En esa misma tarde decidí invertir mi dinero en un helado cuando circule cerca de “La Michoacana”, un expendio de bebidas frutales, helados y paletas.

—Buenas tardes —saludé en un tono neutro de voz a otro muchacho de mi edad que trabajaba ahí. Tenía que soportar las ganas de preguntarle por su salario para ver si era mejor que el mío que consistía de propinas.

—¿Qué desea? —pregunto el muchacho con una falsa sonrisa en el rostro. Que falta de educación ¡ni siquiera saludo!

Me quede mirando los letreros que colgaban diciendo las cosas que se vendían y los precios sin importarme si el que me atendía se impacientaba o no.

—Una paleta de mango por favor —pedí, con el mismo tono que había usado anteriormente.

—A la orden —dijo el muchacho y soltó una carcajada ¿Una broma tal vez?

—¿Qué ocurre? —pregunte con malicia.

—Nada, nada —me respondió intentando contener su risa y entro a la bodega por mi pedido. Regresó a los pocos segundos con una paleta en la mano y me la entregó.

—serán diez pesos —pidió el muchacho.

—disculpe, pero ahí dice que cuesta ocho, no diez —protesté.

—ah, lo siento —el muchacho se giró rápidamente y quitó el letrero— son precios atrasados que, realmente, me dio flojera quitarlos.

Mira que coincidencia. De mala gana le pagué y salí de la tienda, a donde seguramente no volvería a estas horas, tenía la esperanza de que en algún momento debían de cambiar por alguien que no diera las cosas a mayor precio. Algo era seguro, ganaba más que yo.

Al salir, el sol golpeó con toda su fuerza sobre mi cara y me obligó a poner el brazo sobre mi cabeza para poder ver. Extrañé el aire frío que había en la tienda y me gire para ver si había algún lugar donde me podría sentar a comer mi paleta dentro pero solo descubrí al vendedor acomodando de nuevo el letrero que decía “paletas heladas a $8” en llamativas letras color rosa chillón. Maldito mentiroso.

—¿De qué sabor compraste tú paleta?—preguntó una voz femenina que provenía de mi lado.

—De mango ¿por?—pregunté extrañado y me giré. Una muchachita de aproximadamente un metro sesenta de estatura miraba mi paleta fijamente.

La muchacha iba vestida con una camisa blanca, unos pantalones de mezclilla y un chaleco color café que hacía juego con sus tenis que se asemejaban a botas. Su tez era de un moreno claro y sus ojos color verde aunque uno de ellos se encontraba cubierto por un mechón de cabello negro que había escapado de la diadema también de color café.

—¿Seguro? —preguntó ella y, antes de que pudiera preguntarle por qué me preguntaba, me la arrebató y le dio una mordida—Bueno, definitivamente es de mango —se burló—, gracias.

Ella salió corriendo y, como no creí que ella fuera alguien que portara un arma, (o si quiera tuviera que hacerlo. En serio ¿quién robaría helados a mano armada?) Decidí que la perseguiría para bien, recuperar mi paleta o, si es que entonces ya se había comido mi paleta o se había derretido, pedir disculpas y un rembolso

—¡Detente ahí! —grité cuando la vi doblar en la esquina. Era muy ágil y ya debía ir a la mitad de la siguiente cuadra, para cuando llegué a la esquina no la pude distinguir entre tanta gente ¡Se había metido en un mercado!

Con pocas esperanzas, me acerque a un hombre que pedía limosna en la esquina donde me encontraba y decidí, por alguna extraña razón, darle una moneda de un valor de diez pesos.

—¿Ha visto a una muchachita aproximadamente de mi edad vestida con un chaleco café pasar por aquí? —exigí saber la respuesta a cambio del dinero.
               
—No—respondió el hombre.

—¡Pero si pasó a tu lado! —le reclamé.

—Yo no vi a nadie ¿Seguro que estás bien muchachito? —el limosnero se me quedó viendo con una cara que rayaba entre el temor y la pena.

Genial.  Ahora un limosnero me tomaba por loco.

—Bueno, gracias —tuve que aguantarme las ganas de recuperar la moneda.

Una mezcla entre desilusión y molestia era lo que sentía mientras regresaba a mi casa y, debido al pequeño tiempo perdido, el cielo ya se había oscurecido ¡como agradecía que hubiera sucedido esto un viernes! Si no, hubiera estado en problemas y tendría que desvelarme para poder terminar todos mis deberes ¿acaso tenía una obsesión o algo?

Todos mis pensamientos estaban sueltos por mi cabeza, realmente caminaba y me detenía a mirar si venían autos de manera automática y si no hubiera sido así, probablemente estaría muerto. Tengo futuro de autómata.
De pronto, todos mis pensamientos se acomodaron y sentí como me invadía la adrenalina, ahí estaba la chica de nuevo y, al parecer, no me había notado aunque estuviera viendo directamente hacia donde me encontraba. Solo tenía una oportunidad.

Ella, en el momento en que pasé a su lado, se encontraba totalmente concentrada en tomar un café y comer un pan de dulce ¿Lo habría robado del café cercano o lo habría comprado legítimamente?

—¡Te tengo! —grité de repente y, usando mis dos brazos para aprisionarla, la acorralé contra la pared del café. Ella solo se limitó a sonreír aunque, después de unos segundos, no pudo evitar estallar en una risa tan intensa que las lágrimas se escapaban de sus ojos.

Fue entonces cuando noté que todos me habían volteado a ver por mi extraño movimiento e incluso un hombre ya había preparado su celular por si acaso fuera un secuestro pero, al verla reír tan relajadamente, se limitó a cerrarlo y mirarme como si fuera perfecto para salir en uno de esos programas de “aunque usted no lo crea”, encogerse de hombros y seguir su camino. Al parecer iba regresando a su casa del trabajo, me pregunto qué tan tarde será.

Cuando ella pudo controlarse simplemente se me quedo viendo con una sonrisa y yo fruncí el ceño con molestia.

—¿¡Por qué robaste mi paleta hace poco!? ¡Demando una remuneración como mínimo! —le grite y, nuevamente, me convertí  en el centro de atención de esa calle.

—¡¿Te acuerdas?! —dijo ella. Estaba sorprendida y yo no entendía el por qué.

—Pues claro que me acuerdo, normalmente no me roban mi paleta de hielo—seguía usando un tono brusco y duro pero había bajado el volumen para volver esa conversación entre ella y yo nada más.

—¿No bromeas? —dijo ella. Está vez estaba emocionada, casi eufórica.

—No —dije en tono serio. Me estaba desconcertando.

—¿Podrías cerrar los ojos un momento? —me pidió— prometo no escaparme.

—De acuerdo —contrario a toda lógica e ilógica, los cerré como me pidió aquella que ya me había robado una vez y los abrí aproximadamente 10 segundos después.

—¿Aún te acuerdas? —preguntó con cara de preocupación.

—¿Me estás tomando el pelo? —respondí. Ésta vez con otra pregunta.

—¡Gracias a dios! —exclamó y me abrazo. Por primera vez me sentí extraño y, sin embargo, nadie había volteado a ver ¡qué mundo más alocado!

—Ven un momento —ella pasó por debajo de mi brazo, lo tomo y comenzó a jalarme. No opuse resistencia y entramos al café. Vale la pena notar que mientras cerré los ojos engulló sus dos alimentos y probablemente iría a por más.

Ella pateo una silla y subió sobre una mesa agitando los brazos pidiendo ser escuchada

—Mi compañero y yo hemos puesto una bomba que se detonara si alguno de ustedes llama a la policía —grito y todos se conmocionaron— ¿harán lo que diga? —preguntó sombría. La clientela solo asintió débilmente.

—Entonces, cierren los ojos —pidió ella y los demás obedecieron ¿Qué locura estaba haciendo?

—Ahora, observa —dijo ella mientras sonreía. Estaba gozando hacer eso.

La gente cerró los ojos, ella bajo de un salto de la mesa, los demás los abrieron y se miraron extrañados unos a otros para después seguir con su comida ¿pero qué demonios estaba ocurriendo?

—Simple —dijo ella como si ya le hubiera preguntado. Supuse que mis facciones eran leídas con facilidad— Tengo una especie de don o maldición que hace que la gente, en cuanto me pierde de vista, me olvide junto con todo lo que he dicho y hecho —explicó.

—Te tomaría por loca pero eso fue increíble —por primera vez le dedique una sonrisa. Sentía un poco de pena por ella y no quería imaginarme la razón por la que robaba. Estaba sola en el mundo.

—Pero tú, tú eres inmune por alguna extraña razón —continuó explicando con alegría mientras caminábamos hacía la salida

—¿Cómo te pudiste criar? —me aventuré a preguntarle.

—No lo sé —contestó con total indiferencia— mis recuerdos se limitan a hace un año nada más.

Ambos caminamos sin rumbo, yo llegue al lugar que llamaba hogar cuando la gente ya comenzaba a entrar a sus casas y a cerrarse todos los negocios pero ella me detuvo antes de que entrara.

—disculpa, si no fuera mucho pedir ¿podría frecuentarte? —me pidió.

—Si eres capaz… —respondí con indiferencia mientras abría la puerta.

—Gracias —susurró ella con tranquilidad y por fin pude empujar la puerta y mis padres, que ya me esperaban sentados frente a ésta, solo soltaron una risita cuando me vieron junto a ella.

—Ni lo piensen, no es lo que parece—demonios, había usado la frase de mayor uso cuando SI es lo que parece.

—¿Cómo te llamas? ¿Quieres comer algo?—preguntó mi madre a toda prisa mientras mi padre me daba un codazo. Sonaría extraño pero ellos se morían por verme salir con una chica.

—Mi nombre es Jennifer —dijo ella algo extrañada— y no, gracias, no tengo hambre —les respondió— Ya me invito algo él —ella me dedico una mirada cómplice.

¿Habíamos comido? No, no lo hicimos ¿Entonces por qué rechazo una comida honrada y gratis?

Ella estallo en risas y cerró la puerta. Yo comí aguantando lo raro que se sentía que mis padres no recordaron su existencia en cuanto cerró la puerta.

Cuando subí a mi habitación comprendí porque se había reído y a que se refería con “invitar”.

—¡Mi cartera! —susurre mientras maldecía a más no poder y, resignado, me acosté.

A la mañana siguiente desayune y me preparé para hacer mis tareas cuando dos timbrazos me alertaron y corrí a abrir la puerta.

—hola, sin querer me la llevé—dijo ella mientras me entregaba la cartera. Con molestia la revisé pero tenía todo.

—¿Cómo puedes llevarte algo sin querer? —pregunté.

—Costumbre—dijo ella mientras se encogía de hombros y entro a la casa con total descaro.

Así fue de ahí en adelante, esta solo fue la historia de cómo la conocí y en la actualidad sigue siendo una muy buena amiga, nadie la conoce ni la conocerá. Aunque nos vean platicar nadie lo recordara en cuanto ella desaparezca siendo yo el único que puede recordarla y, haciendo honor a eso me decidí a no olvidar está historia, ni sus gustos ni su nombre. Me decidí a no volver a olvidar que había gente en este mundo con las que me sentía cómodo y no debía encerrarme en la introspección porque, quien sabe, tal vez podría ser el único capaz de recordar a alguien y esa persona estaría abandonada si decidiera no actuar...




3 comentarios:

  1. Todavia recuerdo como solias señalar que esta historia no tenia relacion con "No me olvides". Siendo honestos, sea me o lo lo que diga en el titulo, le queda perfecto.

    La recuerdo de hace muchos ayeres, yo personalmente creo que es un buen relato corto, pero no la pondria en la cabeza como tu mejor historia, de hecho en orden serian: Deseo, cuentacuentos, Esa historia del policia y las cartas del tarot y esta. Y Deseo se lleva de calle por mucho a las otras, al menos a las dos ultimas.

    Aun asi, me agrada, es un bonito mensaje, como de dejar de lado esa frialdad que es cada vez mas presente en la gente y abrirte a conocer y tratar con otros, es algo lindo y con una buena moraleja.

    No la encuentro imperfecta, finalmente tiene un toque magico que hace que embone perfectamente. No das explicaciones y no hacen falta porque es algo autoconclusivo, justo como un buen cuento, como deben de ser al menos.

    Y el personaje, como dije antes y creo que dire siempre, es un tipico tuyo, de esos que analizan la vida a la par que la viven y como siempre, viviendo en su mundo.

    Algo que me encanta, de tus letras en general con este ambiente urbano, es el humor que manejas, es versatil (diria que puede oscilar de negro a blanco) y eso es genial, anima a seguir leyendo lo que haces y te refresca para asi sentir mas amena y agil la lectura.

    Un buen trabajo del pasado, no el mejor a mi gusto, pero en gustos se rompen generos.

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  2. Efectivamente, prefiero "deseo", pero ésta historia la tengo en alto porque como dije, fue en la primer historia que deje de dar vueltas y establecí el estilo que desarrollaría.

    Acerca de las otras dos historias, no sé si estoy baneado de ip (Que lo dudo) en littlewords o es cosa de mi red pero ya no puedo continuar mis historias ahí porque no puedo entrar a la página.

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  3. jeje que chica mas loquilla, aunque me gustaría ser así, tan espontanea.
    uno cae en las rutinas y no nota lo que hay a su alrededor, al menos que lo golpee XD pero solo pasara a ser el relato del día y luego se olvidara, pero cuando se trata de una persona ya es diferente, por ejemplo que hubiera pasado si el muchacho no le dirige la palabra a la chica? o si no la hubiera seguido? pero el decidió hacerlo y saber mas y ella pasa hacer algo mas que el relato del dia.

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