octubre 24, 2011

Brujería II


II

La joven hechicera salió de su casa a la mañana siguiente a la misma hora que siempre puesta para ir a estudiar, no le llamaba mucho la atención absolutamente nada y el tedio le resultaba molesto pero era una de esas normas sociales a las que debía atenerse.

La única virtud que poseía su camino recorrido cinco días a la semana era que pasaba por un parque hermoso, con cercas con forma de arcos abiertos hacía el suelo para proteger plantas de gran diversidad de colores (acentuadas en belleza por la proximidad de la primavera) y finalmente, como eje central a toda la belleza capaz de cegar los ojos de los más susceptibles, estaba un gran árbol que fácilmente requeriría cinco personas tomadas de la mano para abrazar por completo ¿Por qué no éramos como las plantas? Hermosos y autosuficientes.

La chica de cabello cobrizo estaba parada frente al árbol, probablemente esperando no ser vista y parecía bastante ocupada siendo besada por un muchacho rubio. La bruja considero que la acción más prudente sería no interrumpirlos al pasar por ahí y se alejó pero fue inevitable confrontarlos.

—¡Dalia! —gritó la chica que era su clienta— ¡gracias!

La bruja solo asintió con la cabeza e intento recordar el nombre de la agradecida pero le resultó imposible y prefirió ignorarlo.

—¡No! ¡aquí no! —dijo cantarina mientras Dalia se alejaba rápidamente.

Hipnosis, la única manera en que podían amarse unos a los otros, no había otra manera en la que dos personas pudieran convivir sin chocar de una manera u otra. Era increíblemente molesto.

Dalia, después de poco tiempo y con el sol aún oculto, llego a su salón de clases y se sentó en su lugar usual: La parte de atrás que todo mundo prefería ignorar.

—Buenos días —variaciones de esta frase fueron repetidos entre ella y algunos de sus compañeros de nombre desconocido.

El maestro entro al salón y todo siguió su curso normal hasta la hora del almuerzo.

Sonó la campana y todos se levantaron de su lugar y fueron corriendo a las mesas de sus respectivos amigos para hablar de cosas sin importancia. Algunos incluso salían a otros salones a encontrar a los que consideraban cercanos. Dalia solo sacó una pequeña bolsa y extrajo de ahí un sándwich preparado cuidadosamente en la mañana además de un libro para pasar el tiempo más rápidamente.

—Tenemos que hablar —una voz severa se escuchó inusualmente cerca y la falta de costumbre la hizo ignorarla— Es algo más serio de lo que crees, Dalia— era a ella la petición.

—Nada que no pueda esperar a más tarde —respondió ella sin bajar su libro— Dame un nombre, te doy pareja, así funcionan las cosas.

—¡¿Podrías bajar el libro?! —la realidad era que la voz no estaba tan exaltada pero un cambio en el ambiente cercano denotaba la urgencia.

—¿Qué quieres? —respondió, al fin, la bruja.

—¿Podemos salir un momento? —pidió el muchacho parado frente a ella. Tenía su cabello (extremadamente corto) lleno de gel para mantenerlo parado en una especie de picos extraños que le hacían verse ridículo.

—No tengo opción —replico ella mientras colocaba, con toda la calma del mundo, el pasador en su libro.

Al salir se encontraron con un patio bastante amplio, la ventaja de que sus salones no estuvieran en algún nivel superior a la planta baja. Ambos caminaron a un lugar alejado del ruido de una hora libre, rodeado de jardineras y utilizado, usualmente, para confesiones de distinto tipo.

—Quita el hechizo de David —pidió.

—No soy saboteadora, solo creo lazos —respondió ella rápidamente— ¿o es que acaso te gusta la chica qué está con él? —pretendía obtener una reacción y lo logró con creces

—No, no es solo que es complicado de explicar— cayó en repeticiones y muletillas, signo de nerviosismo y de un terrible mentiroso—, a él le gusta otra persona.

—Ya no —respondió fríamente— deberías haberlo notado.

—¡Pero a él le gustaba alguien más! Debiste haberlo dejado luchar por ella —discutió el joven.

—Como si fuera capaz, un ser patético como él, de crear lazos de amor con alguien más o, aún si pudiese, un ser superfluo como ella valorarlo por lo que es y no por el ideal que se estableció. Estar enamorado es lo mismo que yo hago, engañar a las personas en creer que las otras serán sus almas gemelas pero al final no resulta más que en una manipulación mutua y de tu propio ser.

—No lo creo, y aún si fuera un fracaso su relación ¿qué? ¿No tienen derecho a intentarlo? Es de humanos equivocarse e igual es de humanos seguir adelante aún después de quedar heridos —El muchacho no parecía tener ganas de retroceder e incluso, sin pensarlo, apretó fuertemente los puños de sus manos.

La filosofía del muchacho comenzaba a alterarla ¿Cómo podían ser todos tan optimistas cuando, si no fuera por Dantalian, no durarían más de una semana? Eso era diez veces peor que lo que hacía ella, dar un final feliz a todos. Las historias de amor, por naturaleza, son tragedias en su propio sentido porque siempre tienen un final.

—¿destruirás el lazo? —una utilización interesante de las palabras, aparentemente la había tomado de ella y utilizado como el termino correcto de como ella llamaba a su magia.

—No —respondió la bruja secamente.

—Está bien, siento las molestias —el muchacho parecía enojado aún si intentaba esconderlo. Intentaba irse pero la chica le detuvo.

—Podría saber tu nombre? —pidió.

—Carlos —contestó furibundo antes de marcharse.

Nada más de importancia pasó durante el día escolar y todos regresaron a sus hogares habiendo acabado la jornada.

Para Dalia era una ruta común, un viaje sin nada especial entre dos edificios en los cuales no se sentía cómoda en lo absoluto.

En el camino, pasó a su lado la pareja recién formada de David y la clienta de la cual no recuerda el nombre y ya la habían olvidado para ese entonces, así era de mal agradecida la sociedad y si así trataban a un extraño preferiría no intimar al grado de amor con esos cuervos que terminan sacando ojos.

Al llegar a su hogar tomó una hoja de su cuaderno y escribió la palabra “Carlos” en ella antes de iniciar su retrato de ese individuo.

Demasiado delgado, demasiado tosco, sus ojos son más grandes, los labios los tiene diferentes, la nariz es más chata ¡Qué difícil era dibujar a un ser humano que acabas de ver! Para un trabajo exitoso de Dantalian se requiere una de dos cosas, un retrato simple y mediocre hecho con una carga de sentimientos bastante grande o un retrato perfecto hecho por alguien que, como a ella, no se encontraba interesado en la persona.

Había algo que quería confirmar y ese fue el objetivo del ritual del día de hoy, con veladoras blancas en lugar de las escarlata.

— Tú, ser que tienes la forma de un hombre con caras infinitas, muéstrate ante tu exorcista bajo la similitud de la persona que hizo el sacrificio inicial y permite a esta joven ser parte de la voluntad de los seres solo por esta noche. Has un manifiesto de tu presencia Dantalian.

Dantalian apareció bajo su forma, pues sus posesiones eran las únicas presentes para sacrificar. Otra Dalia más, ésta otra desnuda, para soportar cuando su existencia ya era lo suficientemente molesta por si sola.

— ábreme, como si formara parte de un libro escrito por ti de la conciencia humana, la mente de  la persona cuyo nombre y símil te entrego en ésta hoja de papel.

—¿Ni un hola? —se burló Dantalian con su voz inhumana— Y mira ¡qué cuerpo más atractivo tengo hoy! —para ser el demonio sabio, era bastante bromista y molesto con sus exorcistas pero no era peligroso y, por ello, podría decirse que era su invocación de cabecera, hacía todo lo que ella necesitaba aunque a veces invocaba a Decarabia solo por diversión. Jamás había ocupado los otros setenta demonios restantes.

—Dime si lo que él me dijo era verdad —exigió Dalia
—Un momento, veo que este retrato está hecho con mucho cuidado y curiosidad intentando reflejar fielmente los detalles de su rostro. O ésta dama sin corazón fue conmovida o es tu trabajo de siempre ¡jo! —Dantalian parecía bastante agitado la noche actual, algo había pasado por la mente de ese hombre o de la exorcista.

—Podrías centrarte, es un cliente potencial —se excusó ella.

—Eso, o un Deja vu para el único que conmovió el corazón de la exorcista —se burló Dantalian—. Dejame aclararte que sus pensamientos son verdaderos y no al mismo tiempo, si está preocupado ampliamente por la relación que intentaba formar su amigo con otra chica, que por cierto no iba nada bien, pero además está interesado en la chica que te pidió al muchacho la noche pasada.

—Triángulo amoroso tipo uno —La bruja tenía ese tipo de confianza con su demonio, era capaz de hablar en términos inventados por ellos y se entendían perfectamente— Ahora ¿podrías alejarte de la ventana mientras estés utilizando mi cuerpo para aparecerte frente a mí?

—pero si deberías presumirlo más —el demonio reía sonoramente, era una noche agradable para ambos e incluso la chica, usualmente imperturbable, se encontraba sonriendo levemente pues no estaba con humanos que podrían traicionarla como aquella persona tan parecida a ese tal Carlos.

No era su culpa, a final de cuentas dios había elegido que las cosas se llevaran a cabo de ese modo desde el momento que ella nació. La había marcado para la misería.

Nota de Feel (copia textual):Um...disculpen la tardanza se desconfiguro mi teclado y no podía poner acentos. Si es que alguien me lee.
Nota de Dalx: Seh, este definitivamente ya es un proyecto que llevo en conjunto con Feel, ella es la principal escritora pero me meto un poco en cuestión de dialogos y ayudo con la demonología presentada.

2 comentarios:

  1. ¡Si te leen!, aunque por fortuna no sufri por la demora :)

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  2. aquí adentrándome a la historia.

    me da miedo este tipo de cosas sobre la brujería, pero me da mas miedo un ser maligno con apariencia de uno, eso si me haría "cagarme" de miedo! verme sonreír cruelmente... es curiosos que dalia este acostumbrada a convivir con el ser...

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