diciembre 06, 2011

Bómbyx Mori -Snowflake

Basada en el cuento "Aprendiz de Novelista" de Coartazar, Snowflake nos trae una historia corta, al punto, de una mujer llamada Alice que, bueno, es mejor leerla, solo es una cuartilla.
A la autora le gustaría aclarar que era una tarea, y por lo tanto no es tan satisfactorio pero que pronto vendrá con más.
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Bómbyx  Mori

Jamás consideré importante a los hilos, hilo de nylon, hilo cáñamo… ni siquiera el hilo de una conversación (¿de qué me servía a mí prestar atención  si realmente ni a mí ni a ella  nos importaba lo que dijera el otro?); ¿y qué pensar del hilo de seda? Hasta una idea tan tonta como esa era más cálida mi extraña prometida, Alice O’Cliffard, una joven hermosa, nívea, mística, en cuyos ojos jamás se vislumbró un fin.

No fue hasta que la acompañé a conseguir un par de gusanos de seda, que entendí lo que ella realmente quería: unirnos simbólicamente haciendo un tejido de seda, para entrelazar los hilos de nuestra existencia.

Volvimos a casa con los gusanos en un pequeño frasco, creí que Alice se pondría a trabajar en seguida, pero en lugar de hacerlo, se sentó frente al frasco y contempló a los gusanos por largo rato.


- Alice, ¿por qué contemplas a esos bichos de esa manera?- preguntó mi curiosidad.
- Para hacer un tejido ejemplar, debo observar la técnica que emplean los maestros, los pequeños Bouchét y Pecuvard- respondió, con el rostro tan inmutable como siempre.

No dije nada más, no hice nada más, sólo la contemplé yo a ella,  en un par de días la vi comenzando a poner manos a la obra, poco a poco iba tomando forma aquel manto suave y platinado, con pequeños y sutiles espirales que Alice bordaba sobre él.

Comencé a preocuparme, mi prometida comía cada vez menos, se veía más frágil, apenas y dormía…no paraba de hacer su simbólica unión, pero le resté importancia, supuse que en cuanto ella terminara aquello, todo volvería a la misma anormalidad.

Después de casi medio mes, no podía soportar mirarla,  toda su belleza marchita, el púrpura contorno de sus ojos, sus raquíticas manos… fue suficiente, suficiente como para hacerme salir a pasar un par de días fuera de la casa, tomé un poco de dinero y una botella de vino, y me fui sin decirle nada a la pobre Alice.

Me instalé en un modesto hotel cercano, más maloliente por fuera que por dentro. Pedí una habitación, me instalé lentamente, me recosté en la cama mientras bebía un sorbo de uvas magníficamente fermentadas, los bostezos me rebasaron y me quedé dormido. Desperté, vi la hora, tomé mis cosas y salí precipitadamente del hotel, pasaría al mercado a comprar algo sabroso para comer, estaba decidido a hacer reaccionar a Alice.

Llegué a casa, tomé las llaves y las introduje por el cerrojo, por primera vez en mucho tiempo, me daba ansiedad ver a Alice. La puerta se abrió, dejé caer todo lo que llevaba en las manos al suelo, incluso yo mismo caí sobre mis rodillas, horrorizado ante un frasco roto en el piso, un brazo a su lado, y un par de polillas revoloteando angustiadas.

1 comentario:

  1. Esperaba otro final (eso ya es asunto de mi mente retorcida), pero asi como esta es genial a mi manera de ver.

    Oh~ el ente anónimo que llega silenciosamente a quebrantar la aparente felicidad.

    Es mi comentario.
    Nabile.

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