diciembre 20, 2011

Querida y amada -Kai

Cási podemos decir que Kai es sinónimo de romance, y he aquí otra prueba más. Una historia bien hecha y  «Corta» a sus estándares que habla sobre un chico indeciso de mangas cortas y las diferentes perspectivas que puede tener ante la vida en lugar de rendirse.

No me malentiendan, mencione romance pero bajo lo estricto del género no irá en romance si no en relatos cortos. Así de raro es esto. No es romance porque trata de amorios y traiciones si no porque Kai tiene una capacidad de escribir tan romantica (entiendase, audaz y soñadora) que es imposible no ser tragado por la historia y las conversaciones que él plantea. Como sea, disfruten de ésta historia como se lo merece y espero, cumpla el objetivo de Kai de causar inspiración.
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Se encontraba el chico sentado en el puerto industrial, con los pies volando en el muelle más viejo y podrido de todos esos nexos de madera entre el mar y la tierra. Estaba tranquilo el día, para ser un puerto comercial. Las gaviotas volaban y comían la carroña de los navíos que podían robar, los barcos mercantes destruían la quietud y el silencio con su estridente vaivén. 

Él era consciente de que debían existir varios tipos de naves marinas, que cada uno de ellos a su vez debería tener sus propios instrumentos, nombres específicos y hasta cargamentos y demás, pero eso no le importaba. 

Le gustaba ir al puerto marino para ponerse a pensar y perderse en cavilaciones varias, pero era un plan con maña. Todo tenía una razón de ser, ya fuese en el gran esquema de la vida, en porque los planetas existen por millones y este acto no era la excepción. 

Le gustaba estar en este lugar, para pensar y no pensar. 

Podía ir al malecón de su ciudad y deleitar su pupila con las mujeres hermosas del lugar, para perderse en la multitud de ruidos que hace la gente al pasar, o desorientarse con la magnífica vista y demás, pero eso lo alejaba de sus pensamientos. 

Existía otro lugar, este lugar era solitario, con una vista hermosa, se encontraba cerca de la playa, pero a una distancia algo retirada de la gente. Para llegar a este sitio, era necesario nadar un poco y después atravesar un par de rocas y se podía llegar a un natural escondite apartado del bullicio y la gente, era el lugar ideal para perderse en sus pensamientos y alejarse de la realidad. 

Tenía buenas opciones, pero este tercer lugar, el puerto industrial, era su justo medio para “pensar y no pensar”. Era perfecto porque al no haber mucha gente y menos chicas habladoras o chicos presuntuosos, no podía perderse en el ritmo de vida del lugar; tampoco existía tanta calma como para sumirse en sus pensamientos y flagelar su mente y alma, ya que el lugar tenía su propia vida, movimiento y ruidos. Si era el lugar perfecto. 

Su camisa gris de manga corta era golpeada insistentemente con el viento, con una fuerza natural que trataba de dejar en claro que contra ella nada podía hacerse. Sus bermudas de mezclilla también eran víctimas del viento. Su pelo, a pesar de estar corto y en picos, también era víctima de la naturaleza y su soplo divino y destructor. 

—¿Nunca has sentido que todo en tu vida pierde sentido? Como si ya nada valiera la pena, como si toda la comida perdiera su sabor, el mundo su color… y solo te quedara por opción morir lentamente en tu cama. 

El chico parecía hablarle al viento, incluso cuando alzo su voz para expresar esos tristes pensamientos, lo hizo sin mirar a alguna persona o cosa en especial, solamente alzo la mirada, se recargo en los brazos a la vez que echaba atrás su torso y hablo. 

Y a pesar de todo, recibió respuesta. 

—Sabes perfectamente que sí. Y no una sino varias veces. Despertar y sentir que tal vez no valió la pena abrir los ojos para ver lo mismo de siempre, que la música te aburra, que la gente te moleste, que el mundo te parezca asqueroso… si lo he sentido. Muchísimas veces en verdad. 

—Y luego que sigue —dijo el chico aun con la vista en el cielo—, no quiero que esto sea por siempre de este modo, pero, tampoco sé que hacer. Es mejor tal vez quedarse así. 

—Es lo mejor. Hacer el menor esfuerzo te da más placeres y menos frustraciones que esforzarte al máximo. Vivir de lo que tienes a la mano es una ley natural de la vida. 

—Es una estupidez. 

En el muelle ya había sentados tres chicos. Los tres eran idénticos salvo por el detalle de que sus camisas eran de color diferente. Era como ver una de esas escenas en las que los hermanos idénticos visten igual porque a las madres les parece algo lindo. El primer chico portaba su playera gris de manga corta, el chico que respondió su pregunta usaba una camisa de manga larga planchada a la perfección color negro, el último que había dicho que era algo estúpido usaba camisa blanca sin mangas ya que se notaba se las había arrancado. 

—No veo en donde radica la estupidez —dijo manga larga—, es sabido que adaptarse a las circunstancias es parte de nuestra evolución. 

—Esa adaptación consiste en esforzarse, en tomar cosas del medio, pero también en ir aprendiendo a no cometer ciertos errores, a seguir adelante. Es un aprendizaje que te lleva, al final de cuentas, a ser mejor. 

—Yo no quiero ser mejor… tampoco peor, pero no se qué hacer, no sé que quiero —dijo manga corta viendo el vuelo de las gaviotas. 

—Bien sabes que he tenido momentos terribles. Hubo un tiempo que creí que jamás volvería a ponerme en pie. Otra época me sentí tan devastado que creí que moriría de amor. Una ocasión sentí que el mundo ya no existía para mí, aunque yo siguiera errando por sus tierras y ciudades. El peor momento fue cuando seguí viviendo, pero me sentía tan vacio que parecía que estaba muerto. Y tú sabes que vendrán tiempos peores y pruebas más duras —sin mangas hablaba con calma, pero ponía un acento de pasión a sus palabras—. Pero recuerda también, que después de todo eso, el sol siguió brillando y brindando calor. El mundo siguió girando y viviendo. La gente se levantaba después de cada caída. El débil se despertaba fuerte porque se sabía capaz de afrontar sus miedos y demonios. Y así, pasó también con nosotros, pasa y seguirá pasando —finalizo con una sonrisa en su rostro. 

—Ser positivo es bueno, pero no lo es todo. Las palabras lisonjeras y de corte elegante no ayudaran en el desafío, prueba o predicamento que hoy parte en dos esta joven alma. Requerimos acción, no palabrería —manga larga hablaba con algo d molestia por ser contrariado. 

—Quiero estar bien. Quiero ser feliz. Quiero amar con más intensidad. Librarme de mis problemas. Tener la vida resuelta. Quiero muchas cosas, pero no tengo la fuerza ni la voluntad ni las motivaciones para hacerlo —manga corta recargo los codos en sus muslos y agacho su cabeza—. Esto apesta. 

—Ya lo ves —afirmo manga larga mirando triunfal a sin mangas—, lo que se requiere es actuar, no pensar en cosas bonitas. 

—El pensamiento es lo que vuelve a un ser humano un humano. Es el lenguaje universal para comunicarte con tus sentimientos, con tu alma y hasta con tus sueños. Es la herramienta que te permite proyectar tus metas y acercarlas a la realidad. Si no pensáramos, no seriamos nada y entonces de verdad la vida no valdría ni un centavo —sin mangas hablo de tal manera que parecía que pronunciaba fragmentos de una ley inquebrantable de la eternidad misma. 

—No importan las razones filosóficas que quieras darle. Sin voluntad, sin ganas de hacer nada, con el deseo de casi desaparecer, lo mejor es sumirse en esa calma y estar de esta manera el tiempo que sea necesario para un día volver al camino —manga larga sonrió con calma, satisfecho de su respuesta.
—Un día que no se sabe cuando llegara… eso es un vil truco, una artimaña para rendirse y nada más.
—Pero no hay más que hacer —interrumpió el cabizbajo manga corta a sin mangas—. Si no hay una razón, si no tengo las ganas ni la voluntad, si carezco del valor y la esperanza, si una vez más me he vuelto una marioneta sin alma y corazón e incluso perdí la conciencia de mi ser… si no tengo nada, nada puedo hacer. 

—Debes estar bromeando —sin mangas se levanto contrariado y miro molesto a manga corta—. Mientras tengas vida tendrás todo eso. No necesitas más. 
—¡Ja! — exclamo manga larga a modo de mofa y para interrumpir—. Mientras tengas vida, estupideces ¿Una vida para qué? 

—¿Una vida para qué? —Pregunto entre molesto y confundido sin mangas—. Para hacer que el mundo cambie, para que ames con tanta pasión que los grandes romances de la historia parezcan tonterías, para que las batallas que libres sean contadas por tu estirpe y no por trovadores, para que llenes de orgullo a tu casta y tu gente, para que cuando caigas aprendas que levantarse es más fácil y caer cada vez menos frecuente, para que el día que te derrumbes de tus escombros formes un nuevo ser, para que siembres una idea en la mente de tus compañeros, para que tus seres queridos sepan que los amas y que cuentan contigo, para que tus hazañas no sorprendan al mundo, sino que le den esperanzas en el mañana. Para eso requieres solo una vida —enfatizo—. No necesitas más, con una vida tienes de sobra. 

—Bueno suponiendo que tengo una vida, que ya es tener algo, me falta todo lo demás. Valor, deseos de hacer las cosas, voluntad…—Enumeraba manga corta. 

—¡Ya los tienes también! 

—Donde que yo no los veo —al decirlo manga larga usaba sus manos a modo de binoculares como si buscara algo. 

—Todo está en ti. Solo necesitas hacer que despierte en tu interior todo ese brillo, que la magia haga su obra, que tu poder arrase con tus obstáculos, que tu luz… ilumine la oscuridad y la reduzca a una mera sombra —sin mangas hablaba con pasión, pero con palabras bien escogidas y un tono y ritmo de voz tranquilos para grabar y dejar claro el mensaje. 

—Aunque tenga todo, no puedo llegar hasta allí —manga corta alzo la mirada, esa mirada vencida y devastada por el sufrimiento y doblegada por la depresión y la sensación de ser un pedernal más en la gran obra de la vida—. Simplemente no sé cómo hacerlo, ya no lo sé. 

—Es en estos momentos cuando lo mejor es dejar que el tiempo fluya, que la vida sane nuestras heridas físicas y emocionales. Existen momentos para actuar y momentos para sentarte a observar, este es uno de esos momentos. No hay más que hacer —dijo manga larga como si zanjara la discusión en turno. 

—Es una dualidad. Todos los momentos pueden ser para ver o actuar, en su justa medida. Pero lo importante es saber en qué momentos detenerte a pensar y mirar cómo pasa el tiempo y en que circunstancias lo correcto es actuar… aunque te duela —enfatizo el final sin mangas. 

—Creo que tienes razón en parte —manga corta miro al cielo y esbozo una sonrisa, con todo el peso de la duda en sus labios, pero con la sutil fuerza de la confianza—, pero no se qué hacer para salir adelante. Me siento vencido, como si no pudiera hacer nada, como si ya estuviera condenado. 

—Por lo que veo no quieres quedarte así, pero no hay muchos caminos para escoger, y este, el de la seguridad, el que es estable, el que no te dará esfuerzos, sufrimientos ni sorpresas, sigue siendo mi recomendación —dijo manga larga algo menos animado que antes. 

—No quisiera seguir en el limbo, pero parece que no hay mejores opciones… 

—Siempre las hay. Puedes elegir acomodarte en tus cenizas y esperar a renacer algún día como un ave fénix fuerte y osada, o levantarte en este momento y emprender el vuelo hacia el horizonte. Ambos caminos te llevaran a un destino, pero a diferencia del primero, el segundo tu lo eliges y no solo te conformas con lo que venga. 

—Arriesgarse a emprender un nuevo camino siempre cuesta trabajo, da miedo y es sumamente difícil. No tengo la suficiente valentía ni voluntad para hacerlo —dijo manga corta con una amarga mueca que parecía un recuerdo de esa sonrisa—. No es para mí. 

El silencio en ese momento se volvió absoluto. Las aves dejaron de hacer sus ruidos, los barcos repentinamente callaron, la gente del puerto se había ido y ahora solo estaban ahí esos tres muchachos idénticos salvo por su vestimenta y su manera de ver las cosas. 

Tal vez no eran tan diferentes, como todos los hombres. Finalmente la carrera por el bienestar y la felicidad nos empuja a llevar a cabo diversos actos de toda índole, que pueden ser buenos o malos, según el cristal con que se mire y el lugar desde el que se analiza. 

Sin mangas se acerco a la orilla del muelle. Miro el vasto horizonte pensativo con las manos metidas en sus bolsillos y dejando que la brisa le acariciara con dulzura, como suele hacerlo madre naturaleza.
Manga larga seguía sentado. Subió su pierna derecha para poder apoyar sus antebrazos y su mentón en la rodilla y también contemplaba el mar y sus horizontes aparentemente infinitos.

Manga corta estaba sentada con las piernas al aire, las manos recargadas en la madera podrida a sus costados y agacho la mirada, del mismo modo en que lo hacen los vencidos o incluso peor, los que ya no quieren seguir intentando. 

—Si con la vida no te basta, aun hay más razones —sin mangas saco su mano derecha del bolsillo y la puso en su cadera—. Siempre hay más razones que solo las que llevas dentro. Si requieres fuerza, pídela prestada a tus padres. Si requieres apoyo, utiliza las manos y los hombros de tus amigos. Si temes quedarte solo, recuerda que hay gente que te ama y daría por ti su vida. Cuando tengas miedo, pídele valentía a todos los que te rodean. Si crees que estas vencido, busca la voluntad en aquellos que te aman. Si no crees tener motivos, piensa precisamente en los que te quieren y desean que estés bien. Y lo más importante, recuerda que solo es un préstamo para sacar todo el brillo que llevas dentro. 

—Las palabras bonitas no te llevaran a ningún lado, porque se las lleva el viento. Los sueños se quedan en la tierra de Morfeo y a la realidad solo traes fantasías. Aunque fueras gobernante del mundo, nadie caminara tu camino si no lo haces tú mismo. De nada sirve esperar que los demás te den fuerzas si tu careces en este momento de ellas —manga larga suspiro mientras miraba como rompían las olas—. No hay más que lo que tú tienes. 

—Creo que ambos tienen razón —el tono de voz era serio y meticuloso—. Siento que algo no encaja, pero no sé que es. Aun me siento vacio, pero —la luz del sol le dio de lleno en la cara y manga corta sonrió seguro de si—, una parte de mi, muy pequeña, se siente bien, como si ya hubiera nacido un poco de esperanza en mi corazón. 

—Es de esa forma como todo comienza —sin mangas se llevo los brazos al pecho, cruzándolos satisfecho—. Poco a poco. 

—Eso es verdad —manga larga se levanto y también esbozo una sonrisa—. Paso a paso llegaras a donde tú lo deseas. Solo tienes que ser paciente. 

—Tengo muchas dudas y miedos todavía la verdad —manga corta seguía sentado, dejando a sus pies moverse libremente en el aire—. No sé que pasara después, si esta sensación reconfortante será duradera… la incertidumbre mina mis fuerzas y mis deseos. 

—No será para siempre —sin mangas se torno serio y escudriñaba el horizonte con el entrecejo fruncido—. Si tú no le das fuerza a todo lo que hay en ti, si dejas que tu ser se marchite, que tu alma se desvanezca, que tu mente se seque y tu corazón se detenga… toda tu luz se desvanecerá. El silencio total se apropio de nuevo de ese muelle en la zona industrial. Las gaviotas volaban en silencio, el mar susurraba ahora con sus olas apenas audibles para los oídos expertos, ya no quedaban marcos atrancados ni en movimiento y la mayoría de marineros fumaban o jugaban algún juego de azar en silencio. Era el golpe brutal de la incertidumbre, de cómo el tiempo, el mejor maestro del suspenso, usaba sus recursos para acelerar el latir del corazón infundiendo temor. 
Manga corta se quedo petrificado ante la certeza de que el miedo y el dolor pudiesen hacerse con su ser, que en un pequeño descuido, podía ser engullido por el miedo y no quedaría nada de él. El miedo lo dominaba y entonces considero esa idea de no hacer nada, de quedarse encerrado en su habitación deprimido y repitiéndose que no podía hacer nada para mejorar su situación, que estaba acabado. Sus puños se crisparon de terror y sintió como ese temblor le recorrió toda la espina. La pequeña luz de esperanza que iluminaba su agotada y hastiada alma se apagaba lentamente, otra vez caería en las garras de la incertidumbre, una vez más, preferiría rendirse a actuar. 

Manga corta se levanto lentamente, como suelen hacerlo los hombres viejos y con problemas de la espalda. El golpe del viento, que para sin mangas era una caricia, para manga corta era una bofetada en su ser. Se irguió lo más que pudo y confronto al mar y toda su inmensidad con decisión. 

—No viviré de los demás, pero tomara fuerza de todos los que me rodean y aprecian para levantarme. Ellos serán mi motivación secundaria, la principal será estar bien. Eso saciara mi voluntad de seguir adelante, luchare por mí y por quienes me aman, así no seré un estorbo ni para ellos ni para mi vida. Todo esto me empujara hacia adelante inevitablemente, y tendré que volver a sentir esas ganas, ese deseo de estar vivo… de equivocarme, de aprender, de amar y sentir desamor, de odiar y estimar a los demás, en fin, volveré a vivir a todo color y no solo como una sombra gris de lo que soy. Tendré paciencia para entender que tardare en reponerme. Seré lo bastante maduro para entender que esta no será la última vez que caigo, y que siempre podre levantarme. Me sentare a observar como el tiempo sana mis heridas, pero a mi ritmo hare mi parte fortaleciendo mis debilidades y reparando los daños, será un trabajo en equipo. 

Sin mangas y manga larga sonreían satisfechos mientras escuchaban la determinación de manga corta.
Mangas largas metió las manos a sus bolsillos, se encogió de hombros y miro al frente con esa mirada segura, llena de confianza, que era capaz de expresar que la pelea de ese día había sido ganada. 

Sin mangas puso sus manos en la nuca y sonrió aliviado. Miro hacia el cielo, hacia donde nacen y residen los sueños y le regalo una sonrisa a ese manto protector de las esperanzas y anhelos de la humanidad. Estaba demasiado contento, pues sonreía y miraba al cielo con la determinación de aquellos que tienen sueños y que harán todo lo que puedan para hacerlos una realidad.

—Lo más importante es que tengo una vida ¿Una vida para qué? —arremedo manga corta a manga larga, y el interpelado no pudo hacer nada sino reír divertido—. Para vivir al límite. Para realizar todos mis sueños. Para nunca rendirme y pelear cada día por lo que deseo. Para mirar hacia delante y saber que me acerco a mí destino. Para mirar atrás y darme cuenta que el camino que he recorrido es el mío y sentirme orgulloso de ello. Para crecer con todos mis defectos y virtudes y tratar de ser mejor cada día. Para aprender de mis errores y sentirme bien con mis
aciertos. Para vivir lo justo y nada más, que es una vida. Para recordar que mientras haya vida, puedo hacer lo que deseé y brillar como el astro más resplandeciente del universo. Y lo más importante de todo, para recordar que tengo lo más querido y amado que existe en el mundo… que es mi vida y todo lo que existe en ella —finalizo con una sonrisa de victoria y las manos en los bolsillos, con toda la actitud corporal del que está convencido de que triunfara. 

—El que persevera siempre alcanza su meta — dijo manga larga sonriendo con calidez a manga corta.
—Brilla como la estrella que eres —dijo sin mangas sonriéndole a manga corta, mostrando todos los dientes, de una forma sumamente confiada y cómplice. 

El viento soplo con fuerza. El sol daba signos de querer ocultarse después de un arduo día de alumbrar y proveer de vida a ese planeta que es la tierra. El viento hacia que la camisa de manga corta desfajada se inflara y volara con el viento. 

Parado en el muelle más viejo y podrido del puerto industrial, se encontraba un chico de no más de 20 años mirando al horizonte. Solo y sonriendo confiadamente, sabedor de que él era el dueño de su destino y de qué modo y con qué herramientas lo forjaría. 

Aun sentía algo de temor e incertidumbre en su alma. El corazón muchas veces podía darse por vencido y ser débil. Sin embargo, siempre hay una luz que nunca se apaga. 

—Brilla como la estrella que eres —repitió el solitario manga corta al viento y miro con ojos serenos el cielo—. Porque todos somos estrellas en el firmamento. 

A pesar de que en la piel de su ser el temor aun causaba estragos y le retorcía el corazón de manera siniestra y plantaba ideas negativas en su mente, en el fondo, una pequeña luz cobraba fuerza e iluminaba todo lo que estuviera a su alrededor. 

Y mientras miraba el firmamento, en su interior, sin mangas y manga larga sonreían también.

1 comentario:

  1. hooo! que relato mas bonito, me sentí totalmente identificada aunque supongo que es normal en todo ser humano,es increíble la capacidad que tenemos para animarnos y salir del hoyo, pero también como terminamos saboteando nos (eso es muy común en mi).
    por alguna razón me dieron ganas de dibujar la escena XD
    buen trabajo kai

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