junio 25, 2012

Capítulo 8 -Las lagrimas de los caidos


Ancel no pudo hacer otra cosa que correr hacia el bunker, era el último lugar que se le ocurría para encontrar a Gael. Ni él sabia que le estaba sucediendo, ¿fue una visión o solo un mal sueño?


Llego al contenedor y rápidamente lo desplazo, abrió la coladera y entro de un salto. Esta vez la sala estaba iluminada, los sillones estaban en su sitio y en el centro la pequeña mesa intacta, los libreros aún tenían polvo, lo que señalaba que nadie los había tocado en años. Todo en orden.


Pero no lo encontraba, dio dos pasos hacia al frente y sintió calor por el lado izquierdo, no le dio tiempo siquiera de ver que era, solo se agacho y extendió su mano dejando escapar una pequeña bola de fuego, el extraño  esquivo el ataque torpemente lo que le hizo caer de bruces sobre la alfombra roja. Ancel vio de quien se trataba.


Era Daniel, el hermano mayor de Gael.


— ¿Qué haces aquí?— pregunto Ancel sin bajar la guardia –se supone que estabas en Sudamérica…— pregunto temeroso.


—Para ser mas especifico, en Argentina— dijo mientras se levantaba y tomaba asiento acomodándose los lentes y la corbata.


El joven Grevue seguía impactado, ¿acaso Daniel no estaba enterado de lo que sucedió? ¿Cómo entró? ¿y Gael?


—oye, ¿sabes donde esta Gael?— le dijo.


—esta dormido por allá— señalo una puertecilla a la derecha de él y dejo escapar una bocanada de humo del cigarrillo recién prendido.


Ancel avanzó y entró. Ese cuarto estaba reservado para descansar, lo habían acondicionado con una cama individual y varias hamacas colgadas a los lados como si fueran literas o canastas para guardar cosas. En la cama estaba recostado Gael, tan apacible como un ángel caído. Sus brazos estaban quemados pero no tan graves como el extraño y su cabello estaba ennegrecido por la tierra al igual que su rostro.


El mago de fuego suspiro de alivio, la voz grave de Daniel se oyó detrás –Lucho como debe ser, hasta el último momento, incluso cuando llegamos aquí seguía consciente seguramente acaba de dormirse.


Daniel era el típico chico duro, aretes en las orejas, rapado totalmente, fumaba y bebía hasta el cansancio pero siempre se preocupaba por su familia. Él, junto a su padre, se había convertido en el sustento de Gael después de que su madre los abandonara justo cuando el más joven de la familia tenía 3 años. Al terminar la universidad consiguió trabajo en Argentina y de vez en cuando los visitaba.


—¿Qué paso?— pregunto Ancel, pues no sabía de entender porque la familia de su amigo había sido atacada de esa manera.


—No sé…—contestó meditabundo dando otra calada a su cigarro— cuando llegue a la casa habían dos tipos con sombrero, bastante feos los sombreros por cierto, destrozando mi sala…como buscando algo urgentemente, uno de ellos era un mago de fuego, el otro no estoy tan seguro. Cuando me vieron, el más delgado creo un látigo de fuego y me atacó pero lo pude tomar y deshacer –hizo una pausa para seguir con su cigarro.


—De pronto oí un ruido de una ventana rompiéndose, vi como Gael caía y corría hacia el bosque, tambien los dos tipos lo vieron y lo siguieron, el otro tipo el que no era flaco abrió la puerta casi con la mirada y cuando los dos salieron todas las puertas se cerraron incluso la trasera, intente abrirla pero no se podía, tambien intente quemarla y tampoco funcionó— Ancel recordó que el si había podido quemarla, pero no era el momento para sacar a relucir ese detalle.


—Cuando logre salir de la casa corrí tras mi hermano llegue y estaba totalmente rodeado, parecía que esos tipejos habían llevado a sus novias… tu sabes…se nota cuando son mujeres, aun con ese disfraz tan mal hecho— señalo Daniel con una sonrisa pícara mientras lanzaba la colilla al suelo y la pisaba— tenían acorralado a Gael, quien lidiaba con las dos mujeres que lo habían interceptado justo antes de llegar a la cabaña. Entre a la pelea y logré sacar de combate a una de ellas, parecía ser maga de agua, la otra era de fuego, fue con la que mas problemas tuve y fue la que le hizo eso a Gael.


—Use casi toda mi magia en esa pelea –decía jugando con sus aretes— la use para poder escapar y salvar al enano— los dos guardaron silencio, y Ancel intentaba asimilar todo lo que acababa de suceder, cuatros magos los atacaron sorpresivamente, dos de ellos eran de fuego, una de agua y el otro probablemente era de aire…


—Aquí… no se fuma…—Ancel y Daniel miraron a la cama. Gael ya estaba despierto, no sabían desde hace cuanto, pero parecía estar bien por la sonrisa reflejada en su rostro típico de él… dejando de lado el dolor de las quemaduras.

1 comentario:

  1. Es un desenlace interesante para este misterio, al menos en parte, o sea si les tendieron una emboscada y los sueños de Ancel deben de tener una relación. La amistad entre los dos chicos me agrada mucho, me suena a que es muy sincera, una de esas amistades de las buenas y hasta el final.

    El detalle del hermano también fue un buen toque, para así narrar lo que sucedio, pero, darle su toque de misterio (o sea que no nos cuenten todo de golpe). Me agrada mucho como va evolucionando, no solo en la trama, sino también en la prosa.

    Espero con ansias lo que sigue.

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