junio 24, 2012

Capítulo 7 -Las lagrimas de los caidos


Salió corriendo de la bañera y con lo que alcanzo a ponerse corrió aún empapado hacia el bunker, olvido su morral, olvido por un momento como se llamaba la idea de llegar lo mas pronto posible a ese lugar era lo único que le rondaba en la mente. Doblo la esquina como si el diablo lo fuera persiguiendo y la imagen de su amigo apareció en su mente.


Tenía que ir por Gael, los dos tenían que ver lo que estaba pasando, que había alguien muerto en su bunker y que habían robado todo. Giro frenéticamente y desando el camino hacia su casa, solo que esta vez tomo un atajo para llegar hacia la casa de Gael.


Tocó repetida y velozmente en la entrada principal sin obtener respuesta. Fueron los diez segundos más largos de su vida. Se alejó de la puerta y camino hacia los arboles del jardín abandonado, la casa de Gael estaba junto al bosque, cosa que nunca le había agradado ya que los animales salvajes les visitaban inesperadamente, una vez unos mapaches se llevaron dos bolsas con Malaguita y Ónice dos de sus favoritas.


La razón de entrar al bosque a buscar a Gael era porque su amigo tenía una cabaña junto al rio que usaba como gimnasio y a veces laboratorio. Después de casi llegar volando a la cabaña, Ancel vio que la puerta estaba abierta y las ventanas rotas. Eso no tenia buena pinta.


Se acercó lentamente y entró. El lugar estaba inundado, las sillas rotas en posiciones extrañas y el equipo de entrenamiento estaba como pegado a las paredes por el agua, todo lo demás destruido.


–¡Gael! – gritó en vano, adentrándose más, buscando en las demás habitaciones, que extrañamente se encontraban secas.


—¡Gael!— volvió a decir mientras salía de la cabaña mirando por entre cada rama y cada arbusto con el que se encontraba –ayuda….— pronuncio alguien de entre la maleza.


—ayuda…— Ancel se lanzo hacia el lugar de donde provenía y descubrió un cuerpo boca abajo. El joven se acercó para intentar ayudar, lo tomo de los brazos pero al contacto el hombre gimió profundamente y Ancel se dio cuenta del porque solo hasta que pudo recargarlo en un árbol. Sus brazos y piernas estaban quemadas y el rostro completamente desfigurado con dos pedazos de cuarzos incrustados sobre lo que quedaban de sus parpados.


No sabia que decir ni que hacer, Gael era la persona más cercana que tenia para ayudarle y no estaba, la cabaña estaba completamente destrozada y si intentaba moverlo podía matarlo.


 – ¡MI PAPÁ!— exclamó y salió en su búsqueda, solo tenia que recorrer media calle hasta su casa y llevar a su padre hasta el bosque.


Entro en su casa como si nada mas importara y corrió hasta el estudio de su padre en el cual irrumpió solo para encontrarlo vacío. Ancel sintió que se le derretía el alma al ver que la persona mas sabia que conocía y el único que le podía ayudar no se encontraba.


—¿Que sucede hijo?— le dijo Amanda, quien había oído todo el alboroto y se encontraba en el umbral de la puerta.


—Oh por dios, Amanda tienes que ayudarme…— dijo tomándola por los hombros y empujándola hacia la entrada de la casa.


—hey! Espera, espera, espera…. — dijo sacudiendo los brazos para librarse de Ancel—que te sucede? Primero te vas casi empapado, luego llegas ¡y armas un escandalo! – dijo algo molesta la madre.


—¡No hay tiempo Amanda!— dijo Ancel abriendo un pequeño cofre que estaba en la entrada de su casa y sacando dos bolsitas de terciopelo morado abrió la puerta echando a correr de nuevo al bosque.


Amanda solo pudo observar como Ancel se alejaba y corrió tras él.


El joven llegó a donde estaba el herido, casi a punto de convertirse en difunto y le coloco varias piedras de Alabandina para detener las hemorragias. Cuando Amanda pudo cruzar el bosque y vio al desconocido lanzo un gemido ahogado al ver tal horror.


Ancel terminó de coloca las piedras y no supo que más hacer, no podía tocarlo…no podía, solo podía moverlo de allí de una forma.


—¡Amanda!,  llévalo hasta la casa de Gael!— ordeno Ancel mirándola de rodillas.


La mujer al oír esas palabras salió del shock y comenzó a levantarlo y moverlo hacia la casa. Gael se adelantó para abrir camino y que nada saliera mal. Decidió que la mejor manera de no armar más lio del que ya había hecho y llamar la atención de los demás vecinos era entrar por la puerta trasera.


Mala elección.


La puerta no cedía, parecía estar atrancada por dentro. Pero no tenia tiempo de derribarla miró hacia arriba instintivamente y la ventana superior estaba rota, pero no podía escalar hasta allá, así que busco una segunda opción, giro a su derecha y vio la ventana que daba al cuarto de lavado, la rompió y corrió hacia la puerta para abrirla.


Tampoco se podía por dentro.


La desesperación estaba apoderándose de su ser y cuando su collar brillo completamente simplemente la quemó. Amanda venia detrás de él y entro apresurada sin dejar de concentrarse en su objetivo.


—Aquí…— señalo su hijo— no tenemos tiempo para llevarlo al piso de arriba –Amanda asintió con la cabeza y lo coloco en un sillón de la sala, dejándolo caer suavemente como si de un pétalo de rosa se tratara.


Los dos suspiraron al mismo tiempo y la pulsera plateada dejo de brilla al igual que el collar de Ancel.


Ninguno de los dos se había dado cuenta de la condición del lugar hasta que Ancel comenzó a notar que faltaban las fotografías familiares  y los arcones con los libros sobre orfebrería.


Siguió observando…el tapiz estaba hecho trizas, los sillones desgajados, los muebles quemados y volteados, las lámparas rotas, parecía que un torbellino hubiera entrado y arrasado con todo…


Madre e hijo estaba desconcertados, nunca habían visto semejante desastre, ni siquiera cuando vivían en el desierto.


—Ancel…—le llamo su madre, quien se había desplazado hacia las recámaras. Cuando el joven llegó casi se desmayaba.


En la recámara de su amigo había una flecha clavada en el espejo con un trozo de tela. La misma flecha que atravesó el cuerpo sin brazos.

1 comentario:

  1. Vaya esto se esta poniendo interesante, me agrada, es una gran manera de mantener a la expectativa al lector, o sea yo en este caso XD

    Algo que me gustaria señalar y supongo que soy repetitivo es que en uno o dos dialogos faltaban los simbolos del principio (¿/¡) y bueno, en algunos parrafos de narracion, una coma haria mas agil la lectura.

    En cuanto a la historia me agrada como progresa, pobre Ancel, le llueve sobre mojado con todos los giros que estan sucediendo. Ah y me agrada mucho la mención de piedras y demases, muy acorde a esta visión del mundo.

    Finalmente, me sigue gustando mucho la manera en que describes los alrededores, es genial.

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