julio 28, 2012

Capítulo I -Juicio de Brujas en Tellius


-Oye Ike.-se escuchó una voz masculina a lo lejos.- ¿Ya tienes el informe de la señora Morris?

-Sí, ¿pero porque lo preguntas, Ranulf? –dijo el apuesto hombre de cabellos azules y una mirada profunda de color azul zafiro.-El juicio es hasta mañana.

-No, Ike.-dijo Ranulf tratando de recuperar el aire-Se adelantó, la tienen que enjuiciar ahora porque quieren concentrarse totalmente en el de Martha, dicen que es más "grave".

-Cierto, lo había olvidado.- respondió Ike dando un suspiro de fastidio.-Trabajar para los nobles es tan frustrante. Bueno, será mejor que me vaya antes de que se haga más tarde. Gracias por avisarme, Ranulf.

-No es nada.-Ranulf sonrió levemente y se marchó.

Ike comenzó a caminar distraídamente con rumbo al juzgado, pensando en que tendría que lidiar nuevamente con los jueces y demás personas del pueblo que creían que alguien era malo solo por usar magia o porque pensaban que así lo hacían. Y aquellos que condenaban a tantas personas injustamente se defendían diciendo que era un mandato de la diosa Ashera.

Iba tan sumido en sus pensamientos que no prestaba atención a su alrededor, lo que provocó que chocara con alguien, tirando sus informes al suelo.

-Discúlpame.-dijo él, agachándose para levantar sus papeles.-No me fije por donde caminaba.

-No, discúlpeme usted a mí, señor ministro.-dijo la melodiosa voz de una joven.-Fue mi culpa.

Ike alzo la mirada, sintiéndose atraído por la voz de la joven mujer. Sus pupilas azules se encontraron con unas brillantes de color negro con destellos purpúreos, un hermoso rostro de delicadas facciones, de piel blanca y de apariencia suave, enmarcado por un largo y lacio cabello negro que lucía brillante y sedoso.

-¿…Te encuentras bien?-preguntó Ike en una manera un tanto torpe, ya que por alguna razón se sentía nervioso. Pero algo le decía que había visto a esa joven antes, pero no recodaba donde.

La muchacha asintió con la cabeza y le dirigió una leve sonrisa.

-Señor ministro.-dijo una potente voz a espaldas de Ike, haciendo que el joven hombre se diera la vuelta.-Tenemos que irnos ahora, ya deben de estar esperándolo.

-Sí, es solo que me tropecé con alguien.-para el momento en que Ike volvió su mirada en busca de la joven, ella ya no estaba. Por un momento, Ike miro a su alrededor, pero no la encontró.

-Vamos, muchacho.-dijo el hombre robusto de grueso bigote café y pulcro cabello corto del mismo color que su bigote.-No hay que hacerlos esperar.

Sin reprochar, Ike siguió su camino rumbo al juzgado, aun pensando en esa joven que, por alguna razón, no podía sacar de su cabeza.

Llegaron al juzgado, una sala enorme de color blanco y café, con asientos del lado derecho e izquierdo, formando un pequeño pasillo al medio. En frente, estaba el estrado, del lado derecho, los asientos del jurado y del lado izquierdo, el de los ministros, secretarios, apuntadores y demás.

El lugar estaba completamente lleno, con personas gritando blasfemias con dirección a una mujer que estaba sentada tímidamente al frente de la sala, del lado izquierdo al asiento del juez.

Ike miró directo a los ojos de esa mujer, notando como en esa mirada castaña, anegada en lágrimas había una súplica, mezclada con miedo y tristeza.

Incapaz de seguir mirando a la mujer, Ike dirigió su atención al juez, el cual estaba sentado muy cómodamente en su silla.

-Joven ministro.-dijo el hombre de cabello rubio pulcramente peinado hacia atrás, dibujado una sonrisa de hipocresía en su rostro.-Me da gusto verlo.

Todos los miembros de la corte, obispos, ministros, jurados, secretario, sub secretarios y demás, se giraron para observarlo. Unos lo miraban con desconcierto, otros le dirigían sonrisas cálidas, otros de hipocresía y la mayor parte de ellos lo miraban con desagrado. Pero a él no le importó, después de todo, entendía el porqué de esas miradas. Era lógico, apenas tenía veinte años y ya se había convertido en ministro, con los privilegios de tomar decisiones al momento de juzgar a aquellos que era acusado de brujería. Ese puesto lo había conseguido gracias a su padre, ya que su última voluntad antes de morir había sido que su hijo tomara su cargo como ministro, claro que todo lo había hecho por una razón, para que no se condenara a muerte a tantas personas por cosas tan estúpidas como el uso de magia. Ike sabía bien que así como existían aquellos que usaban la magia por el mal, también estaban los que la usaban por el bien, pero la gente de la corte era hipócrita. Ike era capaz de nombrar una lista completa de todos aquellos, miembros de jurado y nobles que usaban magia para su conveniencia y no era precisamente la magia buena, o blanca como los aldeanos solían llamarla. Pero no debía decir nada si realmente quería ayudar a las personas que era juzgada injustamente. Tenía que mantenerse callado, tenía que morder su lengua sin importar qué. Su único trabajo era evitar que matar a personas buenas y nobles de corazón, a todos aquellos que realmente eran inocentes.

-No debieron traerlo.-dijo la voz de un hombre de cabello largo, amarrado en una cola de caballo.-Liberara a esta hija del demonio.

-Yo solo vengo a cumplir con mi trabajo, Shinon.-respondió Ike, manteniéndose serio y mirando al hombre a los ojos.-Si ella es inocente, entonces habrá que liberarla.

Shinon se limitó a dirigirle una mirada de odio para después volverse a sentar en su pupitre.

-Bueno, ¿Por qué no empezamos con esto de una buena vez?-dijo el hombre de cabello rubio.-TODO MUNDO GUARDE SILENCIO, EL JUICIO ESTA POR COMENZAR.

Al escuchar estas palabras, todas las personas se dejaron caer en sus asientos y dejaron de blasfemar en contra de la pobre mujer asustada.

-Comienza el juicio en contra de Margaret Morris, acusada de brujería negra en contra de su propia hija y un miembro de la comunidad de Tellius. ¿Cómo se declara la acusada?

-Inocente… señor.-dijo tímidamente Margaret y en un susurro casi inaudible, enjugando las lágrimas que comenzaban a brotar de sus ojos.

-Inocente.-repitió el juez con un tono burlón es su voz.- ¿Entonces niega haber discutido con su hijas un par de días atrás?

-Perdón.-interrumpió Ike.-No creo que solo por haber discutido con alguien significa que la embrujó.

-Pero comenzó a hablar al revés.-grito una mujer que se encontraba ente los espectadores.-Le dijo a su hija que una maldición caería sobre ella y su esposo.

-Si tú entendiste lo que ella dijo quiere decir que también eres una bruja.-dijo Ike tajantemente.

La mujer no dijo otra palabra y se dejó caer en su asiento, con la mirada baja y murmurando algo.

-Pero entonces ¿cómo explica que la mujer y su esposo hayan enfermado a los pocos días?

-¿Acaso no cree en las coincidencias?- preguntó un hombre en tono calmado, tan apacible como su rostro. Su cabello un poco largo y de color verde.

-Ella es mi hija.-dijo Margaret entre sollozos.-Yo sería incapaz de hacerle semejante cosa, a ella, a su esposo, o a cualquier otra persona.

-Propongo algo.-dijo una mujer alta y de larga cabellera roja.- ¿Por qué no enviar a un obispo a que revise a la joven y a su esposo?

Todos los presentes en la sala comenzaron a murmurar entre ellos.

-De acuerdo.-hablo con voz potente el juez.-Esta tarde será enviado un el obispo Oliver a…

-No.-interrumpió Ike nuevamente.-Que vaya Rhys.

-Pero…

-Honorable Juez Lekain.-dijo la mujer de cabellera roja.-No veo ningún problema con que sea el obispo Rhys quien atienda a la hija de Morris, después de todo, el obispo Oliver debe estar ocupado atendiendo a otras personas que han sido víctimas de estos males.

Lekain se limitó a mirar a la mujer con un poco de rabia que trataba de ocultar bajo una capa de comprensión.

-Yo concuerdo con la miembro del jurado, Titania.-dijo de nueva cuenta el hombre de cabello verde.

-Igual que yo.-una joven de cabello purpura y ojos color esmeralda se puso de pie.

-Yo también estoy de acuerdo.-un hombre de cabello verde oscuro y ojos del mismo tono se puso de pie, apoyando la idea de los otros tres miembros de jurado.

Al instante, la mayoría de los miembros del jurado imitaron a los otros, poniéndose de pie y secundado la idea, aunque la mayoría de ellos lo hacía porque querían salir de ese lugar lo más pronto posible.

-El jurado ya tomo su decisión.-dijo una voz fría a espaldas de Ike. Un hombre de cabello negro y ojos color sangre se puso de pie y se dirijo al juez.-Y yo, como ministro, secundo la idea de que el obispo Rhys, sea el encargado de averiguar el estado de la joven hija de la señora Morris.

-De acuerdo.-dijo al fin Lekain, apretando sus puños con mucha fuerza.-El obispo Rhys confirmara el estado de la hija de la acusada esta misma tarde. Mañana se reanudara el juicio y se dictara sentencia en base a las pruebas recolectadas.

Al escuchar el anuncio, los presentes fueron abandonando la sala, no sin antes lanzar una mirada de odio a Ike y los miembros del jurado que apoyaron la idea del joven ministro.

Cuando el salón estaba casi vacío, un soldado de armadura negra se acercó para llevarse a Margaret, pero ella se acercó a Ike antes.

-Le agradezco desde el fondo de mi alma lo que acaba de hacer por mí, joven Ike.-dijo la mujer haciendo reverencias.-Estoy segura de que la vida lo recompensara algún día.

Después de decir eso, la mujer se retiró en compañía del soldado de armadura negra, dejando a Ike algo confundido.

-Buen trabajo, Ike.-dijo Titania con una sonrisa en su rostro.-Esa mujer no sabe si quiera como sacar una chispita de magia con sus dedos.

-Sí, Titania tiene razón. Por lo general a estos tipos solo les gusta juzgar a las personas solo porque tiene cara de bruja.-dijo el muchacho de cabello verde oscuro.

-Eres muy malo, Boyd.-la joven de cabello color violeta le dio un golpe en la nunca a Boyd.
-¿Mia, porque me golpeas?-se quejó el muchacho sobando su cabeza.

-Ike, tenemos que ir a buscar a Rhys.-dijo el hombre de cabello negro.

-Soren tiene razón.-respondió Ike distraídamente.-Si no llegamos a la casa de esa mujer, Lekain usara nuestra tardanza como pretexto para que otro obispo la revise.

-¿Pero dónde creen que este?-preguntó Boyd.

-Oscar.-dijo Soren mirando al hombre de cabello verde.-Ve a buscarlo a la escuela que está cerca de la posada. Mia, tu ve a preguntarle a Mist y Rolf si lo han visto. Titania, tú ve a la iglesia. Boyd, ve a buscarlo a las afueras de la aldea, tal vez este recolectando yerbas medicinales. Ike, tu ve al pueblo, mientras que yo lo busco en la las aldeas cercanas. Si lo encuentran, vayan directamente a la casa de la hija de Margaret.

-De acuerdo.-dijeron todos al unísono.

Al salir del juzgado, cada uno tomo su camino designado.

Ike corrió hacia el pueblo en busca de su amigo, esperando encontrarlo pronto o de lo contrario una persona inocente seria condenada a la hoguera, cosa que no permitiría. Se lo había prometido a su padre y lo iba a cumplir, solo iba a condenar a esos que realmente era culpables, como la persona que lo mato hace tres años.

1 comentario:

  1. Bueno este es un enfoque bastante interesante de la banda de Greil. Todo me había imaginado al empezar a leer... bueno no, de hecho no me imagine más bien que los sacarían de su papel de mercenarios. Y no es queja ni nada, pero vaya que es un giro inesperado.

    Tendría que leer más para decir que opino realmente, digo, creo conocer a los personajes y eso, pero sospecho que aquí me llevare un par de sorpresas.

    Por otro lado, esta bien como esta redactado, solo que hubo unos tres errores de dedo, lo típico (creo que nadie se salva realmente).

    Esto ya tiene un tiempo así que espero leer pronto la segunda parte.

    PD: Eso si, el final engancha, muy bien por esa última linea.

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