agosto 17, 2012

Capítulo 5: Dualidades-Simulacro


Llevaba vagando un par de horas por la ciudad con Ivy sin hablar de nada importante, ella de vez en cuando comentaba de lugares que solía visitar y yo respondía pero después de lo ocurrido, era una conversación mecánica e incomoda. Esto fue lo que pasó:

—¿llevas haciendo esto mucho tiempo? —cuestioné cuando apenas comenzábamos a colocar lo que nos había encargado el hombre que Ivy Idolatraba.

—Si, cada dos días —respondió— y por eso alternamos entre el mundo vacío y el mundo normal.

—¿Mundo vacío? ¿Qué es eso? —pregunté.

—Cuando no hay nadie, cómo hoy —respondió como si fuera algo obvio y lo admito, fue una mala pregunta.

—Entonces si no pones las mochilas, como ayer —me quedé intentando adivinar que habría dentro debido a su increíble peso, pero no se me ocurrió nada—, no hay nadie al día siguiente.

—Exactamente —completó ella.

—¿Y por qué no recuerdo yo ningún mundo vacío? —pregunté.

—Es algo raro, la mayoría de la gente se salta este día hasta que nos contacta —respondió.

—ya veo ¿nunca te han dado ganas de ver que hay dentro de las maletas? —ese fue el error que me llevó a esa situación.

—¡No! —gritó— ¿Por qué pensarías hacer eso? Él dijo que no debemos ver el contenido y eso es lo que vamos hacer, es el único que sabe bien cómo están las cosas y debemos confiar plenamente en su palabra ¿No crees? Quien te crees que eres para cuestionar su autoridad si apenas llevas un día aquí y él, por lo que me cuenta, lleva años repitiendo este día.

Parecía otra.

—Solo preguntaba —fue lo único que pude responder antes de caer en completo silencio.

Sin nadie con quien hablar, una atmosfera tensa y cargando toneladas en cosas que ni si quiera sabía que eran el día se estaba haciendo largo, no parecía tener fin ¿Acaso ahora pretendía repetirse infinitamente estas horas en las que nosotros ponemos quien sabe que cosa en posiciones especificadas en un mapa sin si quiera saber como funcionan? Ya extrañaba el sarcasmo y la locura de Veritas.

—Hay cosas que no deberías preguntar sin tener permiso —comenzó a decir de pronto, haciendo eco, sin saber, de las palabras de Veritas.

—Lo siento —proseguí a decir— No era mi intención dudar de él, solo era por hacer conversación.

—Te creeré —no parecía muy convencida—. Pero ahora, como pago ¿Podría hacerte una pregunta de esas?

—Depende que sea, así como tú no contestarías ningún cuestionamiento de sus ordenes, yo tengo mis propios secretos —respondí. Veritas me había dado un entrenamiento ágil pero efectivo para jugar con las palabras del contrario al discutir.

—Eso es obvio —respondió— no me interesa tu pasado, me interesa tu futuro.

—Me has enganchado, pregunta —dije al no saber nada mejor que decir.

—¿Realmente quieres que el tiempo siga avanzando? —¿esa era su pregunta? Tenía la respuesta más fácil y que ella probablemente podría adivinar.

—¡Claro! Si no, no estaría aquí —me pareció ver como se ensombrecía su mirada y volvía a su estado original en un abrir y cerrar de ojos.

—Dije “Realmente” —Esclareció— me queda claro que al menos haces el intento por volver a la normalidad pero ¿no hay algo en el mañana que quieras evitar? En ese sentido este lugar es una bendición.

Más paralelos con Veritas.

—Si, hay cosas que quiero evitar pero no es como si fuera a huir por siempre, encerrándome en un día —sería ridículo pensar así— creo que debes enfrentarte a todo lo que viene.

—Tal vez no has sufrido lo suficiente para entenderlo —nuevamente poniendo en juicio cuanto he sufrido, cómo si me conocieran o pudieran leerme— pero a un ave se le enjaula para protegerla del exterior, no para privarla del derecho de morir.

—Extraña lógica la tuya —critiqué— ¿Por qué la única respuesta siempre es perder?

—Porque para algunos, así es —contratacó ferozmente.

—Siempre hay una opción —desafié.

—Claro que la hay, la muerte —se burló ella de mi idea— aunque si de eso es lo que quieres escapar, no tienes de otra.

—Eso nos llega a todos, pero mientras morimos, debemos ser lo que queremos ser —discutí.

—¡Ja! Como si hubiera oportunidad de hacer eso —ella se giró, me dio la espalda y avanzó— dejemos de discutir y apurémonos, empezará a llover en seguida.

En cuanto dijo eso, comenzó a llover. Decidí avanzar y no decir más, solo había empeorado la situación, no debía enemistarme con las únicas personas a las que tenía acceso.

—Eres el primer ciego que llega aquí, que abre los ojos —comenzó a explicar—, el resto de nosotros tenemos una vida dura por delante y un pasado doloroso por detrás, no nos queda nada más que sufrimiento en el mundo y aun así luchamos fútilmente para cambiar eso.

Se escucho como algo caía al agua seguido de impactos, como si alguien golpeara a otra persona.

—Guarda silencio —dije. Ella lo tomo a mal pero alcé mi mano para evitar que protestara y corrí en dirección del sonido.

—¿A dónde crees que vas? —No, la escucharían, se irían, lo sabía. Ivy, puede que no te simpatice pero deberías ser discreta si te pido que lo seas porque es por tu propio bien.

Avancé hasta un callejón, la sensación de que nos miraban invadió mis sentidos y desató la adrenalina. Deje caer la mochila que quedaba e Ivy la recogió rápidamente intentando evitar que se mojara.

—¿Qué crees que haces? —preguntó a la vez que se escuchaba otro golpe, sonido de metal al caer y pasos sobre nosotros. Estaban en los techos.

—Hay gente con malas intenciones aquí —expliqué en un susurro— están golpeando a alguien.

Era difícil de explicar cómo Isaías el bonachón, el que no sabía lo que era el sufrimiento, sabía perfectamente cuando se le estaba espiando, cuando lo querían muerto y cuando alguien sufría el castigo de otra persona. No era una faceta de mí que me gustara recordar porque eso me hacía volver a cosas aún más dolorosas pero sin duda, con enemigos como los que tuve, sabía cuidarme.

Corrí a otra de las calles y por fin vi como un trio de hombres, vestidos como el perfecto cliché de pandilleros, golpeaban a un muchacho relativamente menor que yo.

—Deténganse —por los pocos instintos suicidas que quedaban en mi, cargué contra el trio yo solo, pateando en la quijada al que estaba sobre el muchacho, tacleando a uno contra la pared y lanzando un bote de basura hacía el otro, que golpeaba al chico.

El muchacho se paró rápidamente, tacleo al que lo estaba golpeando y comenzó a darle una paliza en el suelo, ojo por ojo. Yo por mi parte me ví forcejeando con el que había empujado contra la pared pero logre cogerlo de la frente y llevarlo de cabeza contra la pared, eso le hizo perder el equilibrio y se derrumbo a mis pies.

Ahí había fallado algo, había tres hombres y solo había dos incapacitados. Me dí cuenta de eso cuando el otro me acorraló contra la misma pared que su compañero, pateo al muchacho en el pecho para dejarlo sin aire y que el otro pudiera volver a superarlo.

—Maldito imbécil ¿Qué crees que haces? —dijo el que estaba en el suelo, recuperándose— Eric no estará contento si sabe que tocamos a uno de los suyos, larguémonos, el mocoso puede esperar.

El hombre dejo de intentar golpearme y se fue, jalando al compañero que seguía golpeando al muchacho.
—Niño, afronta que no eres nadie —dijo uno de ellos al retirarse, dirigiéndose al muchacho que estaba en el suelo, sangrando— ¿Cuántos días van que intentas conseguir venganza? —se burló uno de ellos haciendo cuentas con la mano— Afróntalo, tu amiguita no tiene futuro.

Me pareció ver cómo caían lágrimas de los ojos del muchacho, podría ser un engaño provocado por la lluvia y mí recién hinchado ojo.

—Ven —le dije, extendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse.

—¿Estás con ellos? —rechazó mi mano, se levantó y salió corriendo con torpeza, incapaz de mantener una trayectoria recta debido al aturdimiento.

—¡Espera, te equivocas! —Instintivamente, corrí detrás de él, girándome para ver a Ivy y descubrir que ella había desaparecido en algún momento del combate. Esperé que solo se hubiera aburrido y largado.

Lo intenté seguir, moviéndome entre diversas calles pero al final, no lo encontré. Estaba totalmente solo, bajo la lluvia y sin paraguas en la misma calle que había conocido a Veritas y, cómo si tuviéramos los dos una conexión especial con ese lugar, ella apareció ahí

—¿Conociste a otra chica y te metiste a un pleito por ella? —se burló Veritas mientras se acercaba a mi espalda, sonaba como si trajera un paraguas. Me giré para verla— ¡Por dios! ¿Estás bien? Vamos, debemos tratarte eso.

No dijo nada, me agarró de la mano y me llevó corriendo hasta mi propio hogar, dónde abrió como si fuera el suyo y supo ubicar perfectamente dónde tenía el botiquín. Supuse que había explorado cuidadosamente mi habitación la noche anterior.

—Dios ¿qué te paso? ¿Te duele? —Ella rápidamente había cogido algodón para limpiar las cortadas y estaba intentando ponerles una gasa.

—Unos sujetos golpeaban a un muchacho, me sentí héroe y los ataque, procedieron a golpearnos a los dos hasta que vieron que estaba con un tal Eric.

—Día difícil —ella sonrió cálidamente mientras continuaba secando mi ojo— me gustaría tener hielo pero dudo que alguna tienda este abierta sin necesidad de quien la atienda.

—¿Sabías que deciden a través del sufrimiento quien es apto para estas repeticiones? O al menos esa es la hipótesis de Ivy pero aparentemente yo la violo —comenté.

—No confiaría en nada que me dijera ella, ni su novio —parecía que estaba desquitándose de lo que le habían dicho antes de separarnos— Ella, no son sus ojos los que muestra y él, tiene ojos de mentiroso.

—Desgraciadamente son los que más saben de éste mundo —comenté.

—Así es—confirmó ella— tendremos que jugar su juego ¿Te sientes lo suficientemente bien para acompañarme?
—Claro —respondí mientras me ponía en pie— Pero es algo tarde, deberías volver a tu casa y mañana o más bien el siguiente hoy…

—¡Estoy en mi casa! — Qué.

—No creo que Ivy quiera…—fui interrumpido.

—No pretendo quedarme dónde me dijo ese hombre, no confío en él ¿Acaso tu confías en él lo suficiente para dejarme ahí?

Dude un momento. Tenía un buen punto.

—No. —respondí a secas.

—Eres la persona más decente de aquí, al menos la que sé que no me haría nada y por lo tanto, es la persona con la que cooperaré para sobrevivir y a quien defenderé.

—¿Qué te pico? Esa amabilidad no la tenías los días anteriores —me burlé un poco de ella.

—De los males el peor —oh— bueno, en marcha.

Salimos de la habitación, el aire hizo que me ardiera la cara pero evité gesticular.

—¿Estás pensando que no es de hombres quejarse?— No se le escapaba nada.

—Solo no quiero preocuparte —respondí sonriendo, algo apenado por haber sido tan obvio.

Ella no dijo nada, frunció el ceño y avanzó.

El cielo estaba cubierto de estrellas pero aun así, parecía que aún me quedaba día por delante.

1 comentario:

  1. Me agrada la forma que esta tomando esta historia y el desarrollo tan exagerado de algunos personajes, o tal vez la palabra sea descarado. Es genial a muchos niveles viejo.

    Debo decir que el protagonista, me sigue cayendo genial y ahora adoro a Veritas y considero que es la pareja ideal para el protagonista, son un buen duo.

    Avanza a buen paso y con buena velocidad y he de reconocer que me encanta que tu prosa es tan clara y digerible, es simplemente uno de tus mejores trabajos viejo.

    Ahora si estare al pendiente de lo que venga.

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