abril 28, 2012

Capítulo V-Brujería


V

Dalia despertó de madrugada, con más energía que los días anteriores, y suspiró con la medida desesperada que había tenido que utilizar para sobrevivir.

—Será problemático —pensó en voz alta.

El día anterior había estado cerca de la muerte. No, decir muerte sería algo demasiado bueno comparado con lo que le hubiera pasado, se hubiera desintegrado por completo y habría dejado de existir.

—Al final, caí —se dijo a si misma mientras se acariciaba el antebrazo distraídamente. Sofía tenía razón en que las emociones negativas eran mucho más fáciles de cultivar que las negativas, ella estaba sobreviviendo en este momento del sentimiento de soledad que había ocultado hace mucho y lo había cultivado.

Se sintió tentada de invocar a su único amigo, Dantalian,  pero se arrepintió para evitar un regaño y solo tomo sus cosas y partió nuevamente a su escuela.

El camino era el mismo de siempre, hermoso pero ajeno a las personas como ella. Muchas parejas pasaban encariñadas a pesar de que no interviniera y de no ser así, había grupos de amigos que se acompañaban desde el inicio de cada día y probablemente seguirían así hasta morir. Así eran las buenas amistades.

Sintió cómo una lágrima comenzaba a formarse en su ojo y la reprimió, la destrozó con el pensamiento y se privó nuevamente de cualquier fuente de energía. No podía permitirse, jamás, perder el control de su cuerpo y de su mente. No sería algo que hiciese un mago jamás, sería una vergüenza en lo único que ha existido.

—¿Te sientes mejor? —preguntó una voz cálida y familiar. Ahí iba nuevamente a meterse dónde no le importaba.

—Si, gracias ¿qué haces aquí? — Preguntó con indiferencia la bruja— ¿Cuál era tu nombre? Ah, sí, Carlos.

—Si, Carlos. Y ese tal Carlos se alegra de que estés bien —especificó.

—¿Por qué? —cuestionó con curiosidad y cierto deje de molestia que no pudo detener.

“Aléjate” gritaba Dalia por dentro, él sería el que la privaría de su único medio de subsistencia actual. Debía estar sola.

—¿Por qué no? —otra vez su retórica ¿qué no podía ser alguien normal e ignorarla? ¿Qué la hacía tan importante? Nunca había hecho nada, solo se dedicaba a trabajar, por dinero, en las sombras y nada más ¿qué ganaba él?

—No lo sé —Dalia se rindió y comenzó a avanzar para dejarlo atrás pero justo cómo lo esperaba, la siguió en silencio.
¿Por qué no decía nada? ¿Qué hacía siguiéndola si no tenía nada que decir? Lo miró de reojo y vio que miraba despreocupadamente el entorno y le parecía que iba silbando de manera casi inaudible. Seguía con la misma apariencia de siempre: cabello corto en picos, camisa arremangada por encima de los codos y desfajada además de tener las manos en las bolsas.

Para Carlos la situación no era tan cómoda cómo aparentaba, David  había conseguido novia y lo había abandonado esa mañana ahí, dándole ánimos para acercarse a la que parecía ser su alma gemela pero no era así, no era atracción lo que sentía por ella, solo quería protegerla porque se veía frágil y débil y solitaria. Sobre todo eso, no parecía conocer realmente lo que era un amigo.

“No es nada fea” se decía, pero no me interesa. “No es cómo otras que necesitan de muchos menjurjes para verse bien, ella tiene el porte y la belleza naturales, cómo una muñequita”.

Se quiso golpear por pensar así y volvió a suspirar. Afortunadamente ella decidió romper el silencio:

—um…sobre la chica que te atrae —comenzó a decir y desvió la mirada— no voy a hacer ningún hechizo pero ¿le has hablado? De eso se empieza ¿no?

—Muy poco, creo que he hablado más contigo —comentó Carlos sonriente.

—Ya veo —volvió a morir la conversación durante unos minutos—. Podría hablarle por ti, si quieres.

—Si eso es lo que deseas —Carlos no pareció darle mucha importancia al asunto— Ten vendría bien a ti también, tener una amiga y eso.

Dalia se detuvo en seco, Carlos siguió por unos pasos y se detuvo al darse cuenta que ella se había detenido.

—No —concluyó la hechicera.

—Está bien, entonces háblale por mi —atajó Carlos.

—¿Por qué no le hablas tú? —Discutió la bruja—De eso sale todo lo demás.

—¿Qué haría ella con un hombre como yo? Está fuera de mi liga —Metió las manos a sus bolsas y siguió caminando con la mirada perdida en el lugar opuesto a su acompañada.

—¿Qué haces hablándome a mi? —Preguntó la bruja— estoy muy por debajo de tu liga…

—No lo creo —Carlos se giró hacía ella con una sonrisa radiante— para mi que estás arriba pero, si eso te hace feliz, bienvenida a mi liga.

El muchacho le extendió la mano y ella lo miró desconcertada ¿qué pretendía invitándola a un lugar dónde ella no pertenecía? ¿Qué ganaba él con todas sus maquinaciones para hacerla una persona que perteneciente a la sociedad? No, no debía dejarse seducir por las personas, ese no era su papel, ella solo debía ayudar a unos a seducir a otros pero jamás estar en medio, era cómo una observadora de una obra en la que se decidía que hacer por decisión del público, influenciaba un poco pero los personajes desconocían su existencia. La sala estaba vacía.

—No te preocupes, te aseguro que tengo las manos limpias —el muchacho alzó la mano para reafirmarla y no tuvo más remedio que tomarla pero pasó algo inesperado, el tomo su mano con la suya y le besó el dorso.

—¿Por qué? —era algo que la dejaba perpleja.

—oh, lo siento, me pareció apropiado para alguien como tú —el muchacho soltó rápidamente su mano y siguió caminando.

Ellos se separaron en la entrada, el siguió su camino y ella se quedo pensando, recargada sobre un pilar de piedra que sostenía un arco con el escudo de la escuela.

El edificio era de estilo clásico y muy antiguo, casi tan viejo como la ciudad y lo podías notar en la cantidad de vitrales, todos ellos muy costosos y de belleza inigualable, que había en lugar de ventanas. Había sido antes una enorme hacienda en la que habían trabajado muchas personas. Era un lugar dónde se podía sentir todo lo que había pasado en el pasado, la violencia de las insurrecciones de los esclavos y las historias de amor que se habían gestado en ese lugar.  Era un lugar que había cambiado ligeramente con el tiempo y su función lo hizo de manera radical pero, de la misma forma, siguen pasando sucesos de toda clase.

Así fue cómo, bajo ese pilar, sucedió una nueva declaración de guerra.

Sofía se acercó y utilizó sus brazos para acorralar a Dalia que no se inmuto en lo absoluto.

—¿Demasiado cansada para huir? —preguntó con una sonrisa en su rostro— tienes hasta el viernes para hacer algo o desaparecerás, eso es todo —Acarició con una mano la barbilla de la bruja más débil y pequeña al mismo tiempo que la otra tocaba con cuidado un muslo. Es triste que por fuera seas tan bella y sin embargo, estés completamente defectuosa, me da pena destruir algo tan hermoso como tú pero solo sigo ordenes, somos prisioneras las dos.

Sofía se alejó y Dalia seguía sin inmutarse, no se había resistido, estaba resignada a desaparecer porque era lo único que podía hacer una persona que ni dios, una persona que supuestamente ama a todos, quería en su jardín ¿Cuándo las cosas habían empezado a ir tan mal?

Sofía iba lejos cuando alguien la llamo con unos golpecitos en el hombro, era un muchacho de cabello peinado en picos y sonrisa confiable.

—¿Qué es lo que deseas? —Sofía se giró y compuso su mejor sonrisa.

—¿Por qué molestas a Dalia? ¿Por qué hablas de ella cómo si no tuviera valor? No sé que se traigan ni que magia puedas hacer tú pero lo que haces no esta bien.

—¿Por qué habría de tratarla bien? ¿No estás siendo hipócrita?  Digo, mira a tu alrededor, nadie le importa un comino lo que le pase a ella ¿me dirás que tú eres diferente? —Sofía destruyo su mascara en cuanto escucho como la defendía, era algo que hacía arder sus entrañas y le era imposible mantenerse apacible— Si, eres diferente. Pero qué tonto eres, eres del tipo de persona que llora cuando se le rompe un juguete.

—¿Te está molestando? —otro hombre, fornido y de apariencia intimidante, sin otras características destacables, se interpuso entre Sofía y Carlos.

—Eres muy dulce —Sofía se adelantó y volvió a disfrazarse de una persona amigable—, pero solo tenemos una disputa intelectual —espero un poco y cuando vio que no tenía intenciones de irse, decidió aclarar algo—. Privada.

El muchacho se fue a regañadientes y los volvió a dejar solos.

—Vamos a un lugar más cómodo —Sofía lo tomo de la mano y lo condujo hasta el lugar más alejado posible, un lugar que Carlos desconocía pero que a ella le era muy familiar, un espacio entre dos edificios que a primera vista era demasiado estrecho pero si te escurrías por ahí podías acceder a un punto de tierra rodeado, prácticamente, por cuatro paredes —. Aquí está bien.

Carlos suspiró y miró a su rededor, no sabía que hacer y si ella pretendía algo malo. Consideró mala idea acompañarla hasta ahí.

—Hace calor aquí —Sofía se quitó el suéter marrón que traía y lo ató a su cintura dejándolo colgar un poco más que la faldita que traía y revelando una camisa negra, desabotonada en los dos primeros botones, que traía justo debajo.

Carlos no pudo pensar en la otra chica que conocía que le daba la misma sensación, Dalia, ellas tenían un-no-se-que que las hacía curiosas a la vista e imposibles de ignorar, una piel más pálida de lo natural y cierta atmosfera que se movía junto a ellas que resultaba opresiva.

A pesar de las similitudes, esas atmosferas eran muy distintas; la de Dalia era una atmosfera serena con cierto aire deprimente que esfumaba cualquier sentimiento de satisfacción por las acciones propias, se le podría decir que destruía por completo la confianza que tenías en ti mismo. Por su parte, la de Sofía, era energía pura, te electrizaba y te motivaba a provocar destrucción y caos, era un odio tremendo a todo el ser vivo pensante y capaz de amor, ella era todo odio hacía los humanos y cualquier ser superior.

—¿Qué son ustedes? —preguntó Carlos, supuso que si Sofía pretendía hablar podría sacar más información de ella que de Dalia.

—Bruja. Yo soy una —Sofía se estiró y la camisa descubrió su ombligo—, Dalia es algo diferente.

—¿Qué es ella? —Carlos se sorprendió por saber que Dalia no era una bruja. Casi la podía imaginar haciendo encantamientos de noche, en una habitación solitaria con el mismo rostro deprimido de siempre.

—¿Por qué nadie le habla mucho? —Sofía iba a contestar con otra pregunta

—Ella no es buena con la gente, las personas la encuentran extraña y no saben cómo acercarse pero no es mala persona —respondió Carlos.
—¡Excusas! —Sofía hizo un fuerte ademán de negación y avanzó hacía Carlos furibunda— ¿Tú saludas a tus muebles al llegar a tu casa? No, por eso mismo nadie toma en cuenta a esa…cosa.

—¿De qué hablas? —preguntó Carlos.

—Ni si quiera sabes lo que es esa chica ¿Cómo puedes saber que solo es mala con la gente? ¿No será que ni siquiera es gente? Apuesto a que no tiene ni sentimientos.

—¡ella está sufriendo! —discutió Carlos.

—Cállate, te contaré una historia —Sofía lo tumbó y se colocó sobre el, acercando su cara al oído de Carlos— había una vez una sirena que se enamoro de un hombre, esas sirena decidió sacrificar su existencia legendaria, hacerse una vulgar humana bípeda, por ir a perseguir a ese hombre qué, como todos los hombres humanos, se enamoró de otra y la abandono a su suerte.

—Me parece que conozco esa historia —Carlos cerró los ojos para no recordar que la tenía justo frente a él y seguir manteniendo la concentración— ¿Podrías dejarme?

—No la has escuchado toda —Sofía ejerció más presión sobre Carlos, ya estaba sentada sobre él—. La sirena no tenía ni amigos ni familiares bípedos así que se enfrentó a la pobreza y el hambre y la lujuria, cosas desconocidas para ella, en solitario.

—¿La lujuria? —preguntó Carlos.

—Imagínate tú todo lo que harían los hombres con una chica hermosa sin dónde protegerse —Sifua escupía cada palabra como si fuera veneno— poco a poco la fueron matando sin necesidad de acabar con su vida.

—Algunas personas son malas, no veo relación con lo que sea Dalia —Carlos estaba confundido aunque la historia le había resultado bastante triste.

—A la sirena —continuó la bruja—, o mejor dicho, a la humana, la encontró un viejo mago que vio su sufrimiento y decidió acabar con él. Primero consideró usar un puñal pero sería una tragedia acabar con un ser tan bello así que utilizó su magia y la transformo en el límite entre la tierra y el mar: se convirtió en espuma.

—Ya veo —Carlos se abstrajo dentro de sus pensamientos.

—El viejo ofreció una manera de escapar a la sirena, le dijo que si mataba al culpable de su sufrimiento ella podría abandonar el lugar pero la estúpida no pudo matar a aquel del que se había enamorado y por lo tanto se quedo atrapada como espuma por toda la eternidad, obligada a lavar los sucios cuerpos humanos e incapaz de volver a su hogar, el mar, ni de pisar tierra nuevamente ¿Realmente había dejado de sufrir?

—Si Dalia es espuma, entonces sigue sufriendo —pensó Carlos en voz alta— solo apoyaste lo que yo pensaba.

—Sea o no espuma, estás perdiendo tu tiempo, no puedes enamorarte de la espuma del mar porque terminará ahogándote —discutió Sofía— Además ella no es espuma, ella es la contaminación, los muebles, la civilización, un artificio humano y asqueroso. Yo solo quiero sacarla de esa miseria, si pudiera destruir la espuma también lo haría.

—Matar no está bien —Carlos abrió los ojos y se encontró con los de Sofía, los de ambos ardían con pasión y vistos de lejos podrían parecer dos amantes a punto de actuar.

—¿Sería una tragedia? Eres tan inútil como el viejo, a veces hay criaturas que solo existen para sufrir, a éstas se les debe eliminar por piedad —Sofía miró a lo lejos y quedo pensativa pero no liberó a Carlos.

—Transformarla en espuma también fue demasiado —Carlos intentó levantarse pero la chica tenía fuerza sobrehumana— pudo haberla cuidado él.

—Habría muerto de vejez, ese fue su último acto antes de morir —Ahora sonaba suplicante—. Déjate de tonterías, humano, Busca a alguien de carne y hueso.

Sofía tomó la mano de Carlos y la colocó en su pecho, justo sobre el corazón.

—Busca a alguien cuyo corazón lata al compás del tuyo, no pierdas el tiempo con la espuma y la arcilla,  no es asunto tuyo.

Sofía suspiró y desapareció de un salto, la mano de Carlos estaba helada, como si hubiera tocado a un muerto.

1 comentario:

  1. un capitulo muy bueno, estaba equivocada con lo del "amigo espiritual" de Dalia, después de todo si se preocupa por ella.
    este personaje de la bruja sofia esta interesante pero llamo mas mi atención que dijo que trabaja para alguien mas... si nadie le pone atención a Dalia... como se izo de enemigos? XD

    algo que me confundió fue esto
    "—Dalia escupía cada palabra como si fuera veneno— "

    y seguiré esperando el siguiente capitulo

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