mayo 09, 2012

Simulacro- Capítulo 1 adj. Digno de ser amado


El primer sábado de lluvia del mes de Julio, aquel que comenzó todo, fue muy diferente al que describí anteriormente:

El clima y el lugar eran los mismos, una calle transitada  con adoquines mojados y una muchacha empapada en el centro que era ignorada por todos los demás peatones. En ese momento creía en la amabilidad por sobre todas las cosas y decidí asistirla en todo lo posible.

—¿Necesitas ayuda? —pregunté al acercarme y utilizar mi paraguas para cubrirla de la lluvia.

—¿Cuáles son tus intenciones al socorrer a una desconocida? —preguntó de manera afilada— gracias de todas formas

—¿Qué más podría desear además de ayudarte? —pregunté con seguridad.

—No sé —admitió y hubiera estado bien que se hubiera quedado callada pero decidió añadir más—; podrías ser un príncipe azul con corazón de dragón— tomó de manera teatral el paraguas y se giró para darme la espalda pero se las ingenió para no dejar de cubrirme la lluvia aún si ella era más baja que yo— ¿Qué gana el dragón por está acción?

—Que estés bien —me resultó algo alienante su actitud así que me dispuse a partir.

—¿Jugando al caballero blanco? ¿Ese que defiende desinteresadamente pero en el fondo busca que una dama se enamore de él? Cuantas veces hemos visto ya a ese personaje ¿No tienes algo más que presentar? — ¿qué necesidad de desconfiar de las personas? A caballo regalado no se le ve colmillo. Los caballos son herbívoros para empezar.

—Cree lo que quieras —no iba a discutir con necios. Comencé a caminar y fui empapado en cuanto salí de la sombra protectora del paraguas, ya estaba mentalizado para eso pero no pude evitar estirarme por el escalofrío de tener agua fría escurriendo por la espalda de manera súbita.

—¡Espera! ¿A dónde vas? —yo solo señalé la dirección general de mi edificio— ¡Genial! Tenemos la misma ruta.

—¿Ah si? —no era algo que me emocionara.

—Carga el paraguas y así los dos nos quedamos secos —ofreció y me entregó el paraguas, poco después ya estábamos caminando ambos bajo él.

—De alguna manera, no creo que podamos quedarnos secos ninguno de los dos pero ¿con que objetivo devuelves un paraguas que te fue entregado por amabilidad? —las cosas no se iban a quedar así, la derrotaría con sus propios argumentos.

—No aburrirme —y así, su argumento se convirtió en basura dentro de mi boca— no es divertido ir sola ¿Cómo te llamas?

—Eres demasiado directa y…—no terminé de regañarla porque detecte la última parte— ¿Qué? No deberías cambiar súbitamente el tema.

—Dame tu nombre o te pondré uno yo —amenazó y yo la creí capaz de hacerlo.

—Isaías —contesté— ¿Cuál es el tuyo?

—Nombre apropiado para un tonto —ignoró por completo mi pregunta y además me insultó.

—¿Qué dijiste? —no podía transmitir mi indignación de manera educada además de pedir que me repitiera lo que había dicho.

—Te dije tonto —lo había tomado literal, como lo imaginé— Dime entonces cómo llamas a alguien amable, excesivamente amable, amable como tú ¿Qué además de tonto?

—Creo que amable sería apropiado —resalté lo obvio intentando hacerla caer en sus propios juegos.

—No, alguien  amable lo haría sin fines de lucro, por eso es amable, de que lo puedo amar y lo amaría inevitablemente, sería una persona buena con la quien también me gustaría comportarme amable para que me amara de igual forma —vaya manera de jugar con las palabras—. Sin embargo, ese amor sería una mentira, todos queremos ganar algo así que ya decídete por que es lo que quieres ¿Amor? ¿Sexo? ¿Reconocimiento? ¿Estás tan aburrido como yo?

—No quiero nada —me miraba con pena, como si fuera un muerto terminal.

—¿Eres capaz de hacer lo que sea por una extraña? —Sonrió sarcásticamente— ¿Incluso violar la realidad? No, me parece que eso solo en historias cursis con finales falsos.

—No tienes ni idea de lo que dices —solté— no me importaría ni su sexo, solo intentaría hacer lo que estuviera dentro de mis capacidades ¿Quién te crees que soy? No soy ningún héroe ni ningún dragón, ni soy el deseo de una chica ni soy el olvido, soy un humano común y corriente.

Percibí cierta turbación en su sonrisa.

—Al menos no eres ningún hipócrita —dejo pasar así las cosas. Que equivocada estaba.

Era un hipócrita, jamás haría las cosas a fondo, me comportaba como un caballero cuando nadie me interesaba en lo absoluto ¿Qué quería? Admiración, amor, reconocimiento y  no sentirme tan insignificante.

Sentía un interés morboso por los problemas de los demás,  como esos que ven los programas dónde pasan puros accidentes, prometía que haría lo que estuviera dentro de mis capacidades y lo cumplía, no podía hacer nada por nadie.

1 comentario:

  1. Bueno si algo es cierto es que hasta ahora percibo algo que me gusta de simulacro. Tiene lo personajes más humanos que te he leido.

    Por lo complejos y simples que son a la vez, porque dudan de si mismos y aun asi hacen cosas, y lo más importante, por su manera de hablar. Siempre tratamos de parecer versatiles y dificiles de entender, cuando las razones detras a veces son tan simples que dan risa ¿No?

    Me gusta como se da la relacion de estos dos, es inusual para ti, y te quedo bastante bien. Sobre todo Isaías es distinto a otros protagonistas que te he leido. No lo firmaria ante notario, pero me da otra impresion.

    Me gusta como va todo... buen trabajo viejo.

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