mayo 21, 2013

Aunque tome toda una vida -Capitulo Nueve: Escape.


Se guardo el pedazo de papel en su bolsillo. Después de finalizar sus alimentos, solo él se quedo en la barra. Se paso sus últimas horas en el pub degustando un poco de un exótico licor de hierbas. Por una de las ventanas del recinto entraban los rayos del astro mayor, en su piel pudo sentir el calor de los mismos y entonces, fue como si el tiempo corriera de nuevo. 

—El ocaso —pronuncio para sí mismo, mientras miraba el recipiente de cristal en su mano—. Llego el momento —de un solo trago acabo con lo que le quedaba de la bebida. Con firmeza dejo el vaso en la mesa, el sonido de cristal alerto al dueño del pub y a la adivina. Horace se acerco a la barra, dejando a un lado los vasos que secaba. Por su parte, Ánima cerró uno de sus tantos libros y lo hecho a una especie de bolso pequeño que tenia bajo la capa de viaje—. Nos vamos, viejo amigo —anuncio Dedos. 

—Recuerda que ya no eres tan joven y ágil como antes —le dijo sonriendo—. Cuídate Dedos de oro —al decirlo, el viejo hombre le extendió la mano. 

—Claro que lo hare —tomo la mano que le extendían de manera honesta, desde el primer día que lo conoció en su más tierna juventud, Flogging confió plenamente en el. No se despedía de un sucio dueño de tugurio, se despedía de un soporte y fiel aliado—. Tú también cuídate de esta nueva ola de perros de mar, ya nada es lo que era —dijo con un extraño aire de nostalgia. 

—Lo hare. Cuida a su vez de tú tripulación, en especial de los enamorados, les queda mucho por vivir. 

—Así será —contesto con una sonrisa. Tomo de un costado de la barra dos costales con viandas que el tabernero les había reservado especialmente. Los puso sobre la barra y acto seguido, llevo la diestra a un bolsillo y de él sustrajo varias monedas. De oro, de plata, de bronce. Grandes, medianas y pequeñas. Las deposito en la barra, sin dejar de sonreír—. Un pequeño bono por haber salvado mi vida, aguantar nuestros caprichos y ayudarnos a estar listos para largarnos de aquí. 

—Siempre es un placer… —con ambas manos tomo el dinero y se lo guardo bajo su delantal de trabajo—, tomar tú dinero. 

—Nunca vas a cambiar —el filibustero sonrió nuevamente, esta vez en complicidad. Con un fuerte silbido llamo a los otros tres. No tardaron ni un minuto en aparecer por las escaleras Shamrock, Stregone y Desire—. Llego el momento, tenemos que irnos. 

—Está bien amici, si llego el momento de hacerlo, pues hagámoslo sin mayor dilación —Donovan se hecho al hombro uno de los costales y se paró a un lado de la puerta principal del lugar. 

—La tripulación debe de estar esperando ya en el puerto, a nuestra llegada —Ánima tomo el otro saco de alimentos y agradeció de una manera cortés a Horace por todo su apoyo y atenciones. Hecho eso, se puso a un lado de la puerta. 

—Gracias por todo, Monsieur Horace —la mujer nívea del deseo se paro delante de la barra, hizo una reverencia y sin dilación se puso a un lado de Shamrock. 

—Bueno antes de irnos, quiero repasar una vez más el curso a seguir. Yo iré al frente, no peleare, pero, no está de más recordar que soy el mejor tirador del grupo —al decirlo de entre sus ropas sustrajo dos armas de fuego, un revolver y un pistola flintlock—. Desire y Ánima irán tras de mí, huelga decir que hasta que estemos en altamar tendremos que vigilarte —esto último lo dijo para la mujer, como una aclaración. Ella simplemente asintió, no se podría decir si resignada o porque entendía realmente la situación y había creado un lazo de empatía con sus “captores”—. En la retaguardia, Shamrock y Stregone. Por obvias razones tú no tienes armas de fuego, en tus manos, sería una redundancia —dijo sonriendo el filibustero al mago—. Iremos por callejuelas para evitar atraer la atención, estaremos juntos en todo momento, nos moveremos como uno solo ¿Preguntas? 

—Solo una amici, ¿Por qué siempre le das a la adivina esa arma? —al decirlo señalo la pistola que Ánima tenía en su mano. Una flintlock de un solo barril. 

—Entiendo. Lo natural es que le diera una con más cargas, pero esa pistola es más estable, además, es para defensa, no para atacar y matar a cada tipo que vea… para eso yo iré delante. ¿Otra duda? 



Ninguno de sus cuatro compañeros dijo una palabra. El mago aprovecho el silencio para ponerse al lado de su amada. El filibustero se puso sus pistolas entre sus ropas, a la mano principalmente. Acaricio el pomo de su acero y respiro aliviado. Finalmente, se acomodo las alforjas que llevaba amarradas a su cuerpo, sus pertenencias, su equipo y su bebida. Sonrió para infundir confianza a sus colegas, dio pasos firmes a la puerta y se detuvo en seco. Miro a su izquierda, el tahúr y la dama del deseo estaban preparados. Miro a su derecha, la adivina y el hechicero inclinaron la cabeza simplemente. Exhalo hondo. De un golpe abrió la puerta y echó a correr por una de las callejuelas aledañas al pub, su siguiente parada: el puerto de Malegría. 



—Es curioso, esta ruta en verdad está bien planeada para no encontrarnos con nadie. 

—Parece que en verdad Dedos y Ánima hicieron un buen trabajo, Desire. 

—Atentos —Flogging se detuvo en una esquina, todos le imitaron replegándose a las paredes—. Parece que has tenido voz profética amici —con la diestra les hizo una seña para que se acercaran a su posición—. ¿Lo ven? No es precisamente notorio, pero, tomando la vendetta como referencia, y tres embarcaciones a los costados, este sitio esta desierto, demasiado tranquilo… 

—Una emboscada. Falle. 

—¿Qué haremos ahora? —cuestiono el mago. 

—Tú iras por delante ahora —le respondió el capitán—, Desire, Ánima. Ustedes tras él. Cerraremos el grupo yo y Shamrock. 

—¿Por qué yo al frente? —pregunto nervioso el mago. 

—Tú no puedes quedarte sin “munición” —contesto el filibustero—. Nosotros dos sí. Tendremos que hacer que cada bala cuente. El objetivo es que todos podamos subir al barco, ustedes tres primero para dar la orden de ponerlo en marcha… si es que hay alguien abordo —Flogging miro a las dos mujeres y al mago. Los tres asintieron ante la mirada del hombre—. Nosotros dos, solo seremos una distracción. Al salir ustedes de lo único que debes preocuparte Stregone es de despejar el camino hasta mi nave, nosotros cubriremos sus espaldas y las nuestras. 

—No estoy segura de esto —dijo la mujer de ébano. Contrario a lo esperado, no se le escuchaba preocupada o con duda en la voz, parecía un comentario más sobre el clima. Ni siquiera su expresión mostraba emoción alguna. 

—Ya lo discutiremos cuando estemos a bordo —dijo el tahúr, tratando de inspirar confianza a los demás. 

—No siempre podemos contar con ventajas o juego justo, y parece que este camino va hacerse a la mala —Dedos tomo en sus manos ambas pistolas y las puso en alto, a la altura de sus hombros, preparado para disparar—, pero no por eso, vamos a detenernos. 



Con el dorso de su mano derecha, el filibustero empujo al hechicero, dándole a entender que tenía que empezar su andar. Stregone pese a sus dudas, dio sus primeros pasos. Hasta ese momento, fue que sus acompañantes, se percataron de sus pupilas. Cuando la flama era invocada a sus manos, los ojos del mago se tornaban rojizos, como si la llama anidara en sus orbes. 



Salió al encuentro con su destino. Al recortarse su sombra contra el piso del puerto, no se hizo esperar la aparición del enemigo. Un grito no muy lejos de allí rompió con el silencio “¡Es él! ¡Él es uno de los compañeros de Dedos de oro!” Saliendo de su escondite, tres mercenarios fueron al encuentro del mago. 



—¡No soy un cualquiera! —Grito a sus enemigos para imponerse, y en parte para infundirse valor—. ¡Soy Stregone, no lo olviden! —al decir sus palabras, alzo sus palmas y con dos certeros “disparos” derribo a dos enemigos. El tercero cayó de un tiro, cortesía del tahúr—. Gracias —dijo el mago, y echó a andar, con las mujeres tras él. 

—Para servir —todavía se veía el humo de su pistola mientras hablaba—. Te sigo Dedos. 

—Tú la derecha y yo la izquierda —respondió sin más—. Si están lo suficientemente cerca —su voz fue interrumpida por el detonar de su revólver—… el acero. 

—Hecho —respondió Shamrock. No sabía de que se trataba, pero, no podía perderse, después de todo, el objetivo era salir vivos de ese lugar. 



Stregone pese al temor que le infundía el calor de la batalla, no corrió desesperado ni desamparo a su amada y a la “prisionera”. Caminaba con paso firme. Erguido y repartiendo llamas a todo el que pudiera representar una amenaza. Por dentro el miedo le carcomía un poco, por fuera, parecía todo un caballero de antaño, como si hubiese nacido para ese tipo de situaciones de vida o muerte. 



Ánima, como ya era su costumbre, se mantenía en una postura fría. Su rostro parecía mascara, pues era inmutable. Su andar era veloz, para no dejar distancia entre ella y la mujer a la que, pese a las indicaciones de Dedos, apuntaba con la pistola. Desire podía sentir la boquilla del arma en su espalda. Pese a ser más alta que la adivina, el arma estaba puesta a la altura de uno de sus pulmones. 



—Debes odiarme en verdad —dijo la nívea mujer, ausente en apariencia de ese zafarrancho, del cual ella y a los que acompañaba eran el centro de atención. 

—No te puedes hacer una idea —No necesitaba verla, de seguro no había mudado de expresión; no hacía falta que cambiara el tono de voz. Incluso, sobraba tratar de escuchar tras sus palabras o interpretarlas de alguna otra forma. No, no hacía falta para saber que era sincera y que a la menor provocación la mataría. 

—Sí me lo imagino —susurró. 



Donovan y Flogging avanzaban más despacio hacia la nave. La indicación era realmente muy sencilla: ganaban tiempo. En el mundo en el que se desenvolvían, sabían con certeza que no podían pelear todas las batallas siempre. Eso era algo que iba más allá de lo humano, innecesario y un riesgo que acortaría sus vidas y por nada. Por sus habilidades era comprensible que fueran la mejor distracción. Pese a todo, era ilógico que las dos personas más importantes de esa expedición arriesgaran el pellejo así, debía ser a la inversa. 



Y aun así, lo estaban haciendo. 



Por última vez jalo el gatillo. Al salir esa bala del revólver, supo, por sus años de experiencia, que ya no tenía munición. Se guardo como pudo el arma de fuego y con esa mano libre tomo su espada. Ahora daba pasos más largos y veloces para alcanzar su nave amada. Un tipejo se le puso al frente con pistola en mano. Un instante basto para que le amputara de un corte limpio la mano. Sólo se lamento de no haber podido tomar el arma del suelo, no tenía tiempo para ser creativo, solo para sobrevivir. 



Presiono una vez más el gatillo, nada paso. Apenas y tuvo tiempo suficiente para interponer la pistola entre la espada y su cuerpo. Tiempo suficiente para hacerse a un costado y que el acero y empuje enemigo partiera el cañón en dos. 



—Vaya, estas cosas no duran mucho ¿Eh? —bromeo el tahúr mientras apuñalaba con habilidad a su agresor. Cada segundo contaba para seguir con vida, y el estaba aprovechando todos los que podía—. Espero que esa no fuera tu arma favorita. 

—No —Dedos ni siquiera volteo la mirada. Determinado como él sólo, llevaba aun su pistola en mano, pero despachaba a quien se acercaba con su acero—, esa la tiene Ánima. 

—¿Siempre le has confiado tu arma más valiosa? —El tahúr estaba dejando atrás al filibustero. Después de todo, también en el otro bando tenían tiradores. No los mejores y posiblemente ebrios, pero, tiradores al final de cuentas. 

—No veo por qué no hacerlo —Donovan observo como el hombro de Flogging salpicaba sangre por el impacto de una bala. El golpe fue tal que lo hizo echar atrás el torso y soltar su pistola—. Mierda —dijo entre gruñidos—. ¡Corre! 

—¡Todos a bordo! —se escucho el grito de Stregone. 

—Justo a tiempo —dijo el tahúr que haciendo caso omiso a la orden de Flogging, regreso por su capitán—. Ve tu delante —de una patada le lanzo la pistola que se le escapo de los dedos. 



No hubo palabras de agradecimiento. Sólo un hombre acatando la orden de otro. El apostador recibió un disparo por ese acto heroico y altruista, para su fortuna fue uno que paso sin pena ni gloria por su costado, y aunque no le dio de lleno, si le hizo dejar su huella de sangre. También le costó un par de heridas de espada, golpes superficiales, ninguna estocada, rasguños básicamente. 



Al final y por los pelos, lograron abordar la vendetta. Stregone se encargo de cubrir su ascenso y algunos marinos que, para sorpresa de todos, estaban escondidos en la nave. Bajo amenazas de muerte, maldiciones, el sonido de las armas de fuego y uno que otro chapuzón al mar, La vendetta dejaba atrás Malegría. 



Cuando ya estaban lejos del tiro de las armas de fuego y la vendetta seguía un curso seguro, todos se reunieron en la cubierta principal. Dedos de oro al cetro, rodeado por su grupo y a su vez, ellos rodeados por la tripulación. No eran tantos como al principio, nadie quiso preguntar si perecieron o fueron dejados atrás. De cualquier modo, eran la cantidad justa de gente para manejar las labores del navío. Dedos, ayudado por Ánima se puso de pie. De su bolsillo saco ese papel arrugado y ahora, algo manchado por su sangre. 



—Las reglas de la nave no han cambiado en absoluto —pese a su aspecto, su voz imponía autoridad—, solo se han hecho un par de modificaciones en los mandos, pero fuera de ello todo sigue igual. Desde su paga, hasta… 

—¡Si somos menos deberíamos recibir un extra! —reclamo uno de los hombres de mar. 

—No trabajaran más de lo que ya lo han venido haciendo —frunció el seño el capitán al mirar a su flota—. No me parece injusta su paga por el trabajo que han desempeñado, a menos que hagan un esfuerzo superior en su jornada y merezca una extensión de paga. Desde luego, se aumentara una moneda de oro y dos de plata como incentivo por la fuga del día de hoy y el trabajo bien hecho, estoy dispuesto a reconocer las circunstancias extraordinarias —hizo una pausa adrede, no para hacer más dramáticas sus palabras, sino para meditar con cuidado lo que saldría de su boca y en parte impactar de la manera correcta a quienes las dirigía—, pero no veo aun la razón de subir el pago, al menos no por el trabajo de la nave —nuevamente hizo una pausa, esta vez para darle la palabra a quien quisiera tomarla. Trataba de ser justo, pero no faltaría el murmullo inconforme, la palabra de discordia. No podía serle fiel a todos, por eso, se era fiel a sí mismo. Nadie hablo, entonces lo tomo como señal para proseguir—. Aclarado eso, continúo. Solo he modificado un poco los mandos como dije, lo demás está intacto en sí, aun así, si alguno de ustedes quiere revisarlo, clavare esta hoja en el palo mayor de la nave al alcance de todos… 

—¡No todos sabemos leer! —otra vez interrumpió uno de los hombres. Sin duda era más la euforia del escape la que se manifestaba en sus palabras. 

—Pueden pedirle a cualquiera que sepa leer que les haga el favor, incluso si voy de paso y me lo piden, yo lo hare. No quita nada de tiempo y si eso los deja dormir tranquilos, créanme que a mi más —bromeo. Para su fortuna la broma fue entendida y bien recibida. Desde luego, no le gustaría imaginarse un motín, eso jamás llevaba a nada bueno y terminaba manchando las manos de todos de sangre en vano—. Prosigo. Los cambios son los siguientes: Shamrock es ahora el primer oficial de la nave. Stregone y Desire —al mencionar a la mujer, inclino su cabeza hacia ella— son subalternos del primer oficial. Por último, Ánima es ahora Alférez. 

—Cuantos cambios —susurro la mujer de ébano. 

—Explícate mujer —dijo el tahúr, al cual, no paso por alto el comentario de la adivina. 

—Al ser alférez soy la mano derecha del capitán, al menos para lo referente a diversos menesteres. Tú al ser nombrado oficial ahora estas directamente bajo el mando de dedos, y eres su segundo a bordo de la nave íntegramente. A eso me refiero. 

—Ya veo, de manera, que nos está otorgando más labores y responsabilidades. 

—Más confianza —puntualizo ella, como si el hombre no viera lo más evidente—. Mucha confianza. 



En ese momento Dedos clavo la hoja en el palo mayor, usando la culata de su pistola como un martillo. Fue hasta ese momento que decidió tratar sus heridas. Una perforación en el hombro y heridas superficiales causadas por el acero enemigo. Nada de cuidado atino a pensar el hombre. Con ayuda de las manos de la mujer de nívea piel, dejo su cuerpo, al menos su hombro, en buen estado. 



Sin demora, se fue al castillo de popa. Tras de él fueron sus cuatro allegados, siguiéndole en silencio y en parejas. Nadie le discutió que reposara o pensara en sus heridas, se podría decir que en el fondo, cada uno sabía que no tenia caso hacerlo, pues él se negaría a dejar a su nave. Era extraño, pero en ese momento así se sintieron todos y estaban en lo cierto. 



En el mar, a veces parece que pasas horas navegando a la deriva, o incluso siguiendo un curso bien trazado. El discurrir del tiempo en las inmensas aguas es confuso y a veces traicionero, no a mal, simplemente, es parte de su naturaleza y de sus navegantes. Fue de este modo que, apenas transcurridas unas horas la noche se volcó sobre la vendetta y su tripulación. Esta vez, Flogging se encontraba al mando de timón y dirigía la nave. Las estrellas y una botella de ron, la única compañía del hombre, al menos en el castillo de popa. 



—¿En verdad no quieres que yo tome el timón? —cuestiono el tahúr, saliendo aparentemente de la nada. 

—Todo está bien, ya extrañaba estar tras la rueda de mando —dijo Dedos. Aunque era un comentario honesto y lleno de afecto, no se le notaba en el rostro esa alegría de reencontrarse con su nave. 

—Debería descansar, mon capitaine. 

—No me esperaba que nos acompañaras esta noche, Desire. 

—Nadie lo esperaba —la mujer de ébano irrumpió en la escena. Tras ella estaba su amado, el hechicero de fuego. 

—Tampoco me esperaba que estuviéramos reunidos aquí todos, una sola botella de ron no bastara —bromeó el capitán. 

—Tranquilo, lo tengo todo cubierto —el apostador abrió su chaqueta y en cada costado, sujetados por unas lustrosas correas de cuero, se encontraban dos botellas de licor—. La derecha es ron, la izquierda whiskey —dijo sonriendo, orgulloso. 

—Me agrada como está modificada tu indumentaria —la sonrisa no se hizo esperar, de algún modo, Dedos sabía que eso, o ellos, eran lo que hacía falta. Sacudió la cabeza para librarse de sus pensamientos y regresar a ese momento. 

—Son unas modificaciones, cortesía de mademoiselle Desire —para sorpresa de todos, incluso propia, al decirlo, Donovan hincho el pecho lleno de orgullo, y Desire desvió a un costado la mirada mientras se sonrojaba. Si en la mayoría de gente esto era notorio, en la mujer fue sumamente evidente. Ni siquiera un tuerto o débil de vista podía pasar por alto el rubor de sus mejillas, o la pequeña sonrisa de sus labios. 

—Me agradan ese tipo de modificaciones a la ropa, siempre vienen bien. 

—Bueno —el mago se sentó en la barandilla del barco, ya con la botella de ron en mano—, una vez más, estamos aquí. 

—Lo más natural para un hombre de mar es volver al mismo —señalo la mujer de ébano. Con ese tono seco y esa carencia de emoción en su voz, tan suya, tan distintiva. 

—Ánima tiene toda la razón. Ahora que he retomado el mar, que he vuelto a mi segundo hogar, me siento mal si dejo de navegar por mucho tiempo… 

—¿Tú segundo hogar? —Cuestiono Desire— ¿Cuál es entonces el primero? 

—La casa de mi familia —respondió Flogging, como si fuera cualquier cosa. Una sonrisa de melancolía se le dibujo en los labios al remembrar sus orígenes, su historia—. Todos tenemos un hogar, tal vez no al cual regresar —su fisonomía, se ensombreció un instante al decirlo, pero fue un momento fugaz—, pero si del cual venimos. 

—¿Vas a matarnos de aburrimiento narrándonos tu historia? —Pregunto el tahúr, insolente como él sólo. 

—No sería capaz de contar un cuento que nadie quiere escuchar —respondió Flogging sonriendo—. Aun así, no puedes evitarlo —soltó el timón y se giro para mirar a sus compañeros. Cruzo los brazos en el pecho, el dolor recorrió su cuerpo. No se quejo, miro al cielo nocturno y suspiro, melancólico—, es en estas noches, que solemos abrirnos y relatar historias. Es el curso natural —bajo la mirada de nuevo, posándola en cada uno de sus acompañantes—, de la vida. 

—De manera que tarde o temprano nos enteraremos de la historia, de todos —dijo Desire. Aunque no lo había formulado del modo correcto, ese comentario tenía al final un aire más a pregunta que afirmación. 

—Así es. Son cosas inevitables, como la muerte o el apetito. 

—La tuya la podemos dejar para el final —dijo el tahúr, sonriendo. Sus palabras rompieron un poco el ritmo hacía donde se encaminaba Flogging al hablar de la muerte. Todos se sintieron aliviados por esa intervención—, y la mía como penúltima —la sonrisa no se le desdibujaba de los labios. 

—Nadie quiere escuchar historias aburridas —Flogging sonreía al decirlo—, y no sabría decir cuál debe ser más aburrida, si la tuya o la mía —finalizo con una carcajada seca, y llevándose la botella de ron a los labios. 

—Todo es cuestión de la persona que escuche y la pasión con la que se narre —intervino Ánima, curiosamente, ensimismada, ausente en esencia. 

—Curioso —Shamrock le arrebato la botella a Dedos, pero en vez de beber de ella, se la dio a Desire. 

—Qué manera de ser —se quejo el capitán de la nave, al tiempo que verificaba la ampolleta y revisaba el cielo, en concreto, las estrellas. 

—¿Tienes alguna historia que contarnos mujer? —Cuestiono el tahúr—. Me apuesto a que más de uno querrá saber la historia de cómo tú y este tonto —al decirlo, señalo al mago—, ligaron sus vidas. 

—Vaya que eres entrometido —el mago se interpuso entre la mujer de ébano y el apostador. 

—¿Quieres pelear? —le reto Donovan. Burlón, divertido, casi jugando. 

—¿Acaso no se cansan? —cuestiono Ánima—. Apenas salimos de un encuentro, como para que de este modo y tan rápido, quieran caer en otro. 

—Está en nuestra alma ser así, es parte de lo que nos hace hombres —intervino Flogging, sin siquiera despegar la mirada del cielo. 

—Hommes —dijo con un suspiro Desire. 

—Anda stolto, cuéntanos —Donovan relajo el cuerpo, en su rostro apareció una sonrisa de calma y sus palabras eran dichas como petición, no como orden. Quizá eso fue lo que convenció al mago. 

—Si con eso nos quitamos de encima tú constante deseo —Se recargo en la baranda del barco, justo a un lado de Ánima, pero sin prodigarle ninguna atención. 



Se estaba preparando para hablar. Fue tal la expectativa causada que todos guardaron silencio en el acto, incluso tomaron lugares más cómodos para escuchar la historia. Ánima se sento al lado del “narrador”, con la espalda recta y la mirada fija en las tablas del barco. Donovan se puso en el otro lado del mago, con los ojos bien abiertos, las piernas cruzadas, codos recargados en los muslos y la cara sobre las manos, una pose infantil, pero que indicaba que toda su atención estaba en el mago. Desire, recatada tomo asiento en las escalerillas para subir al castillo, cual dama de sociedad. Flogging se dio vuelta, se recargo en el timón con cuidado y miro al mago a los ojos. 



Todos estaban listos. 



—Bueno, todo comenzó cuando… 

—Espera —interrumpió Donovan—, debes darle un titulo a tu historia. 

—¿Qué? —el mago pregunto estupefacto. Le sorprendió incluso haber podido articular palabra ante la sorpresa. 

—Claro —respondió Shamrock, como si se tratara de lo más natural—. Todas las historias merecen un nombre —ante el comentario, Flogging sonrió, era la primera vez que escuchaba eso, al menos de manera explícita, pero estaba de acuerdo. 

—Esto no es un cuento —algo de enojo se podía sentir en sus palabras. 

—Precisamente —el tahúr no parecía bromear o con intención de molestar, eso sorprendió más a sus camaradas—. Toda historia merece tener un nombre ¿Qué tal si algún día alguien más la narra en el futuro? 

—En esencia no ha cambiado —dijo apenas en un susurro Desire. Esta vez, Ánima fue la que noto la mirada tierna y la sonrisa soñadora en los labios de la mujer. No dijo nada, pero al final, recordó que desde que esos dos se encontraron, su afecto se había hecho presente. 

—No veo la necesidad de darle un titulo… 

—Es importante —Donovan se irguió y miro a los ojos al hechicero—. Todas las historias que valen la pena, que son contadas, merecen un nombre. Más, si hablaras de tu vida y de tu amor —Lo decía incrédulo, como si fuera obvio el hecho de que toda historia de vida, merece un nombre al momento de ser narrada. 

—Está bien, está bien, ya cállate y déjame hablar —las palabras tenían tintes de fastidio, aun así, el mago acaricio su barbilla, pensando un nombre—. Veamos… ¡Lo tengo! —sus ojos resplandecieron en un amarillo intenso, aunque su sonrisa era más brillante—. “El pacto del mago”, ese es el nombre. 

—Es aceptable —dijo entre dientes el apostador, y retomo su postura de “infantil escucha”. 

—Excelente —se inclinó hacia delante y con ambas manos empezó a calentar el aire a su alrededor—. Todo comienza en un lejano lugar, un sitio donde lo único que podías ver a la redonda era arena, el calor te podía sofocar hasta la muerte y la gente siempre estaba cubierto en cuerpo completo por telas de todo tipo…

1 comentario:

  1. :D que emocionante!
    ya te habías tardado kai,me gusto lo rápido de las escenas de acción ( aunque no sabia que era lo que hacia el enemigo, solo entendí que los herían)
    y me gusta la idea de conocer las historias de los personajes, el mago sera mi favorito ♥

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